Entrevista con Youdon Aukatsang, diputada del Parlamento tibetano en Dharamsala

Como cerca de 200.000 refugiados repartidos por todo el mundo, Youdon Aukatsang vive fuera del Tíbet. Después de que su padre huyera de Lhasa tras la rebelión fallida de 1959, ella nació en la India, donde se ha educado en libertad, pero lejos de su tierra, hasta formar parte del Parlamento tibetano en el exilio, que tiene su sede en Dharamsala, residencia del Dalai Lama.

Durante estos días, Youdon Aukatsang participa en las jornadas de oración por el Tíbet que tienen lugar en Nueva Delhi para protestar contra la represión del régimen comunista chino y los Juegos Olímpicos de Pekín.

-¿Qué persiguen con estas manifestaciones si hasta el propio Dalai Lama ya ha dicho que no quiere la independencia sino mayor grado de autonomía?

-Nuestras demandas son muy claras: detener los asesinatos y los arrestos que están teniendo lugar ahora en el Tíbet y en otras zonas con población tibetana, dar asistencia médica a los heridos, crear una comisión de investigación, facilitar el acceso de la Prensa a las zonas donde ha habido disturbios y levantar el cerco a los monasterios.

-¿No cree que la violencia contra los chinos puede volverse contra su causa?

-La mayoría de las protestas han sido pacíficas, aunque no digo que no haya habido violencia por parte de los tibetanos. Pero los que tienen las armas y los tanques son los chinos, que ahora intentan que esa violencia se vuelva contra el movimiento tibetano.

-¿Rechaza, entonces, la violencia y que los tibetanos estén planeando ataques suicidas, como ha acusado el Gobierno chino?

-Los tibetanos no estamos planeando ataques suicidas porque nuestros principios se basan en el amor, la compasión y la no violencia. Algo muy distinto a lo que hace China, donde hasta sus propios intelectuales han firmado un comunicado de apoyo a nuestra causa y criticando a su Gobierno.

-¿Qué significa ser tibetano, o chino, en este mundo cada vez más globalizado?

-Nací en el exilio en la India y, por ese motivo, no tengo ningún pasaporte, lo que significa que a veces tengo muchos problemas para viajar sólo con mi documento de identidad tibetano. De hecho, he pedido en un par de ocasiones el visado para ir a China, pero siempre me lo han negado. Además, hay muchos países a los que no podemos viajar. Eso desde el punto de vista jurídico e internacional, porque luego está el sufrimiento que está atravesando el pueblo tibetano bajo la ocupación china, en continua represión.

El presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Jacques Rogge, afirmó ayer que el organismo no contempla poner fin al recorrido planetario de la antorcha olímpica, pese a su accidentado paso por Londres y París y las manifestaciones anunciadas también en su siguiente etapa, San Francisco (EE.UU.).

«No contemplamos este guión», dijo Rogge en la televisión France 3, a preguntas sobre si hay un riesgo de que el paseo mundial de la antorcha olímpica se detenga algún día. Rogge insistió en que se trata de un «rumor falso» y que «no hay conversaciones en ese sentido».

«Naturalmente vamos a analizar el desarrollo del recorrido de la antorcha desde el comienzo, desde Olimpia hasta París», dijo Rogge, antes de añadir que es «lo que hacemos y evaluamos regularmente».

Rogge se mostró «entristecido y decepcionado» por las manifestaciones que han ensombrecido su paso por Europa. «Analizaremos lo qué está ocurriendo y sacaremos nuestras conclusiones porque un símbolo de paz ha sido atacado», criticó Rogge antes de matizar que «defendemos la libertad de expresión, pero sin violencia».

Todos estos incidentes han causado una profunda división en el seno del COI, donde algunos miembros se opusieron al recorrido internacional de la llama y otros han criticado la polémica que rodea a los Juegos de Pekín.

Y no es para menos. Por primera vez en la Historia del Olimpismo, el relevo de la antorcha se ha convertido en un objetivo político y se ha situado en el punto de mira de numerosos grupos que defienden los derechos humanos y denuncian la represión del régimen comunista chino en el Tíbet.

Para hoy también se espera una jornada bastante movida porque el fuego olímpico recorrerá San Francisco, la única escala en suelo de Estados Unidos y una ciudad con abundante población de emigrantes tanto chinos como tibetanos. Como no podía ser de otra manera, los chinos son mucho más numerosos, por lo que la Asociación de Comerciantes confía en que unas 10.000 personas de esta nacionalidad apoyen el paso de la llama. Sin embargo, su presencia también representa un nuevo peligro, ya que en París se produjeron peleas entre estudiantes chinos y refugiados tibetanos.

De incógnito en EE. UU.

Por ese motivo, la antorcha llegó casi de incógnito durante la madrugada de ayer y bajo fuertes medidas de seguridad a la urbe californiana. Allí le estaba esperando una pancarta que no era precisamente de bienvenida, ya que que varios activistas desplegaron un enorme cartel en el emblemático puente Golden Gate que jugaba con el lema olímpico y rezaba: ‘Un mundo, un sueño. Tíbet libre en 2008’.

La tensión es tal en San Francisco que hasta uno de los relevistas de dicho tramo ha optado por retirarse para no poner en riesgo su integridad ante el temor de amenazas o agresiones.

Para añadir más leña al fuego, uno de los más fieles partidarios del Dalai Lama, el actor Richard Gere, protagonizó anoche un acto donde denunció la represión del Gobierno chino en el Tíbet.

Por su parte, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Jiang Yu, expresó en un comunicado su más «firme condena por la interrupción deliberada del relevo de la antorcha por parte de fuerzas separatistas tibetanas que han menospreciado el espíritu olímpico y las leyes británicas y francesas».

Apoyando las palabras de Jiang Yu, el portavoz del Comité Organizador de Pekín 2008, Sun Weide, apostó por continuar con el relevo «con el apoyo de todos los habitantes del planeta porque ninguna fuerza puede detener la llama olímpica».

Mientras, anoche tuvo lugar una emotiva vigilia por las víctimas de la represión china en Dharamsala, la ciudad india donde permanecen refugiados el Dalai Lama y el Gobierno tibetano en el exilio. Entonando el tradicional cántico de «amor y compasión», cientos de monjes budistas, civiles y hasta turistas que portaban banderas del Tíbet recorrieron las calles de esta pequeña localidad que se levanta a la sombra del Himalaya y guardaron un minuto de silencio.

«Debido a la repercusión de los Juegos Olímpicos, ésta es nuestra gran oportunidad para reivindicar nuestra lucha y no pensamos desaprovecharla», explicó Urgen Tenzin, director del Centro Tibetano para los Derechos Humanos y la Democracia.

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