Declaración de Su Santidad el Dalai Lama con motivo del 50º Aniversario del Levantamiento Nacional Tibetano

Traducción: Carlos J. de Pedro para SanghaVirtual.org

Hoy es el 50º aniversario del levantamiento del pueblo tibetano contra la represión de la China comunista sobre Tíbet. Desde el pasado mes de marzo, incesantes protestas pacíficas se han producido a lo largo y ancho del país. La mayoría de los participantes han sido jóvenes nacidos y criados después de 1959, que no han visto ni han experimentado un Tíbet libre. Sin embargo, el hecho de que actuasen movidos por una firme convicción de servir a la causa tibetana que se ha mantenido generación tras generación es sin duda motivo de orgullo. Servirá como fuente de inspiración para aquellos en la Comunidad Internacional que han mostrado interés en el conflicto. Honramos y ofrecemos nuestras oraciones a todos los que han muerto, han sido torturados y han sufrido tremendas crueldades durante la crisis del pasado año, por defender la causa desde que comenzó nuestra lucha.

En algún momento de 1949, las fuerzas Comunistas empezaron a entrar en las regiones del Noreste y Este de Tíbet (las provincias de Kham y Amdo) y para 1950 ya habían muerto 5.000 soldados tibetanos. Teniendo en cuenta la situación, el gobierno chino optó por una política de liberación pacífica, que en 1951 culminó con la firma del Acuerdo de 17 Puntos y su anexo. Desde entonces, el Tíbet ha permanecido bajo control de la República Popular China. Sin embargo, el Acuerdo menciona claramente que la diferencia religiosa, cultural y de valores tradicionales del Tíbet sería protegida.

Entre 1954 y 1955 me reuní con prácticamente todos los altos cargos chinos del Partido Comunista, el gobierno y los militares, liderados por su presidente Mao Zedong, en Beijing. Cuando discutimos sobre formas de alcanzar el desarrollo social y económico del Tíbet, además de mantener su herencia religiosa y cultural, Mao y todos los demás líderes estuvieron de acuerdo en establecer un comité preparatorio para pavimentar el camino de cara a la implementación de la región autónoma, tal y como se estipuló en el Acuerdo, en lugar de establecer una comisión administrativa militar. Desde 1956 en adelante, sin embargo, la situación dió un giro con la imposición de políticas ultra-izquierdistas en Tíbet. A consecuencia de ello, las garantías dadas por las más altas autoridades no se cumplieron sobre el terreno. La implementación por la fuerza de la llamada “reforma democrática” en las regiones de Kham y Amdo resultaron en un inmenso caos y destrucción. En la región central, los oficiales chinos violaron deliberadamente los términos del Acuerdo de 17 Puntos, incrementando sus tácticas de mano dura y violencia cada día más. Estos eventos dejaron al pueblo tibetano sin más alternativa que organizar un levantamiento el 10 de marzo de 1959. Las autoridades chinas respondieron con una fuerza sin precedentes que condujo a la muerte, arrestos y encarcelamientos de decenas de miles de personas en los meses siguientes. Como consecuencia, acompañado por una pequeña partida de oficiales del gobierno tibetano, incluidos algunos kalons (ministros), escapé al exilio en la India. A raíz de esto, casi cien mil tibetanos escaparon a exiliarse en India, Nepal y Bután. Durante la huida y los meses que siguieron, se enfrentaron a calamidades inimaginables que siguen frescas en la memoria colectiva de los tibetanos.

Habiendo ocupado Tíbet, el gobierno comunista chino llevó a cabo una serie de campañas represivas y violentas que incluyeron la “reforma democrática”, la lucha de clases, las comunas, la Revolución Cultural, la imposición de la ley marcial, y más recientemente la Reeducación Patriótica, además de campañas de mano dura. Esto hizo que los tibetanos tuvieran que pasar por crisis y sufrimientos tan duros que literalmente experimentaron un infierno en vida. El resultado inmediato de estas campañas ha sido la muerte de cientos de miles de tibetanos. El linaje del Dharma -las enseñanzas de Buda- se ha visto severamente afectada. Miles de centros religiosos y culturales tales como monasterios y templos se han visto reducidos a escombros. Edificios históricos y monumentos han sido demolidos. Los recursos naturales se han explotado indiscriminadamente. Hoy día, el frágil medio ambiente tibetano ha sido contaminado, se ha llevado a cabo una deforestación masiva y animales autóctonos como el yak salvaje o el antílope tibetano están a punto de extinguirse.

Estos cincuenta años han significado un sufrimiento indecible y la destrucción de la tierra y el pueblo tibetanos. Incluso hoy en día, los tibetanos que viven en su propio país viven con miedo constante, y a ojos de las autoridades chinas, todos son sospechosos de forma permanente. Actualmente, la religión, la cultura, el idioma y la identidad, que generaciones sucesivas de tibetanos han considerado más preciosas que sus propias vidas, están cerca de apagarse; en resumen, los tibetanos son tratados como criminales que solo merecen morir. De esta tragedia habló el difunto Panchen Lama en su petición al gobierno chino en 1962, y la volvió a recordar en su discurso en Shigatse, poco antes de morir en 1989, cuando dijo que bajo el dominio comunista, habíamos resultado perdedores, lejos de ganar nada. Muchos tibetanos preocupados e imparciales han hablado sobre las penurias de su pueblo. Incluso Hu Yaobang, el Secretario del Partido Comunista, cuando llegó a Lhasa en 1980, reconoció abiertamente que se habían cometido errores y pidió perdón a los tibetanos. Desde entonces, se han llevado a cabo muchos adelantos de infraestructuras como carreteras, aeropuertos, vías de tren y proyectos similares, que lejos de haber llevado prosperidad a las áreas tibetanas, han sido realizadas con el objetivo político de achinar el Tíbet al altísimo precio de devastar su medio ambiente y medios de subsistencia.

En cuanto a los refugiados tibetanos, a pesar de que inicialmente se encontraron muchos problemas, empezando por grandes diferencias de clima e idioma, además de grandes dificultades para trabajar y ganarse la vida, hemos tenido éxito a la hora de reestablecernos en el exilio. Dada la gran generosidad de los países que nos han acogido, especialmente India, los tibetanos hemos sido capaces de vivir en libertad y sin miedo. Hemos sido capaces de subsistir y proteger nuestra religión y nuestra cultura. Hemos sido capaces de proporcionar a nuestros niños educación tanto tradicional como moderna, además de comprometernos con nuestros esfuerzos para resolver el conflicto. Hay también otros resultados positivos. La mayor comprensión del budismo tibetano, con su énfasis en la compasión, ha significado una contribución positiva en muchos lugares del mundo.

Inmediatamente después de nuestra llegada al exilio, empecé a trabajar por la promoción de la democracia en la comunidad tibetana con el establecimiento del Parlamento en 1960. Desde entonces hemos dado pasos en el camino a la democracia y actualmente nuestra administración en el exilio ha evolucionado a una democracia completa, con su propia Constitución y su propio Cuerpo Legislativo. Sin duda, esto es algo de lo que nos podemos sentir orgullosos.

Desde 2001, hemos constituido un sistema en el que el liderazgo político de los tibetanos exiliados es elegido por procedimientos similares a aquellos en otros sistemas democráticos. Actualmente se está cumpliendo el segundo mandato del Kalon Tripa (Jefe del Gabinete), elegido directamente. Por tanto, mis responsabilidades administrativas diarias se han reducido y actualmente me encuentro en semi-retiro. Sin embargo, trabajar por la justa causa del Tíbet es responsabilidad de cada tibetano, y mientras siga vivo me mantendré fiel a esa responsabilidad.

Como ser humano, mi principal compromiso es la promoción de los valores humanos; ese es el que yo considero como factor fundamental para una vida feliz a niveles individual, familiar y de comunidad. Como practicante religioso, mi segundo compromiso es la promoción de la armonía entre religiones. Mi tercer compromiso, por supuesto, es el Tíbet. Esto es debido sobre todo a que yo soy un tibetano al que llaman “Dalai Lama”, pero de manera más importante, es debido a la confianza que los tibetanos dentro y fuera del Tíbet han depositado en mí. Estos son mis tres importantes compromisos, y siempre los tengo en cuenta.

Además de buscar el bienestar de la comunidad exiliada, algo que han hecho francamente bien, la principal tarea de la Administración Central Tibetana ha sido trabajar por la resolución del conflicto tibetano. Habiéndose entregado a la mútuamente beneficiosa política del Camino Medio desde 1974, estábamos preparados para responder a Deng Xiaoping cuando nos propuso negociar en 1979. Se llevaron a cabo muchas reuniones y se hicieron llegar muchas delegaciones para observar el terreno. Sin embargo, no se alcanzó ningún resultado concreto y los contactos diplomáticos terminaron en 1993.

A consecuencia de esto, entre 1996 y 1997 realizamos una encuesta de opinión entre los tibetanos exiliados y recopilamos sugerencias de donde fuese posible dentro de Tíbet, sobre un referéndum según el cual el pueblo tibetano determinaría el curso futuro de nuestra lucha por la libertad de forma que fuese plenamente satisfactorio para ellos. A raiz de los resultados de la encuesta y de las sugerencias de los tibetanos dentro del país, decidimos continuar con la política del Camino Medio.

Desde el restablecimiento de los contactos en 2002, hemos seguido una política de una única vía oficial y una única agenda, y ha habido ocho rondas de negociaciones con las autoridades chinas. A partir de ahí, presentamos un Memorándum de Autonomía Genuina para el Pueblo tibetano, explicando cómo las condiciones para una autonomía nacional regional entendidas en la constitución china se combinarían con la implementación completa de sus leyes sobre autonomías. La insistencia china de que aceptásemos que Tíbet había sido una parte de China desde tiempo inmemorial no sólo es incorrecta, sino además nada razonable. No podemos cambiar el pasado, sin importar que fuese bueno o malo. Distorsionar la historia por razones políticas no está bien.

Necesitamos mirar al futuro y trabajar por nuestro beneficio mutuo. Nosotros, los tibetanos, buscamos una autonomía auténtica y significativa; un acuerdo que permitiría a los tibetanos vivir dentro del marco de la República Popular China. Cumplir las aspiraciones del pueblo tibetano permitiría a China lograr estabilidad y unidad. Por nuestra parte, no tenemos ninguna demanda basada en la historia. Echando un vistazo a la historia, no hay país en el mundo actualmente, ni siquiera China, cuyo estatus territorial haya permanecido inalterable siempre, ni puede permanecer inalterable.

Nuestra aspiración de que todos los tibetanos vivan bajo una única administración autónoma es para mantener el verdadero objetivo del principio de la autonomía nacional regional. También cumple con los requisitos fundamentales de los pueblos tanto tibetano como chino. La constitución china y otras leyes y regulaciones relacionadas no ponen ningún obstáculo a esto y muchos líderes del Gobierno Central Chino han aceptado esta aspiración. Cuando se firmó el Acuerdo de 17 Puntos, el Primer Ministro Zhou Enlai reconoció que era una petición razonable. En 1956, cuando se estableció el Comité Preparatorio para la “Región Autónoma del Tíbet”, el Vice-Primer Ministro Chen Yi señaló un mapa y dijo que si Lhasa fuese la capital de la Región Autónoma del Tíbet, que incluía las áreas tibetanas de otras provincias, ello contribuiría al desarrollo del Tíbet y a la amistad entre las nacionalidades tibetana y china; una visión compartida por el Panchen Lama y muchos otros tibetanos ilustres. Si los líderes chinos tenían alguna objeción ante nuestras propuestas, podrían haber aportado sus razones y haber propuesto sus alternativas para que las tuviésemos en cuenta, pero no lo hicieron. Estoy desilusionado por que las autoridades chinas no hayan respondido de forma apropiada a nuestros sinceros esfuerzos por implementar el principio de una autonomía nacional regional significativa para todos los tibetanos, tal y como propone la constitución de la República Popular China.

Aparte de que el actual diálogo sinotibetano no haya dado frutos concretos, ha habido una brutal represión sobre las protestas tibetanas que se han producido en todo el país desde marzo del año pasado. Por tanto, con el ánimo de solicitar la opinión pública sobre cuál debería ser el curso de las acciones futuras, se celebró el Encuentro Especial de Tibetanos exiliados en noviembre de 2008. Se realizaron esfuerzos por reunir sugerencias, tanto como fuese posible, de los tibetanos dentro del país también. El resultado de este proceso fue que la mayoría de los tibetanos apoyaban sin condiciones que continuase la política del Camino Medio. Por tanto, actualmente nos encontramos con gran confianza y continuaremos esforzándonos de cara a conseguir una autonomía nacional regional significativa para todos nosotros.

Desde muy antiguo, los pueblos tibetano y chino han sido vecinos. También en el futuro, deberemos vivir juntos. Por tanto, es importantísimo que convivamos de forma amistosa los unos con los otros.

Desde la ocupación del Tíbet, la China comunista ha venido publicando propaganda distorsionada sobre el Tíbet y su gente. Debido a esto, hay muy poca gente entre la población china que realmente tenga conocimiento sobre Tíbet. De hecho, para ellos es muy dificil conocer la verdad. Hay además líderes chinos de ultra-izquierda que desde marzo de 2008 se han esforzado enormemente por difundir propaganda para crear rencillas entre los pueblos tibetano y chino, creando antipatía entre ellos. Tristemente, el resultado es que en las mentes de algunos de nuestros hermanos y hermanas chinos ha surgido una impresión negativa sobre los tibetanos. Así, como ya dije antes, me gustaría una vez más pedir a nuestros hermanos y hermanas chinos que no se dejen influir por esa propaganda y que, por el contrario, intenten descubrir los hechos sobre el Tíbet de forma imparcial, para prevenir divisiones entre unos y otros. Los tibetanos, por su parte, deben continuar su trabajo de buscar la amistad con el pueblo chino.

Echando la vista atrás a cincuenta años en el exilio, hemos sido testigos de muchos altibajos. Sea como fuere, el hecho de que el conflicto tibetano sigue vivo y la comunidad internacional se muestra cada vez más interesada es sin duda un gran logro. Visto desde esta perspectiva, no tengo duda de que la justicia prevalecerá a favor de la causa tibetana, si continuamos fieles al camino de la verdad y de la no-violencia.

En el día en que conmemoramos estos cincuenta años, nos es imprescindible expresar nuestra profunda gratitud a los gobiernos y pueblos de los diversos países en los que vivimos. No solo nos atenemos a las leyes de estos países anfitriones, sino que nos mostramos de forma que nos convertimos en un bien para esos países. De forma similar, en nuestros esfuerzos por reconocer la causa tibetana y honrar su religión y su cultura, debemos labrar nuestra visión y estrategia futura aprendiendo de nuestra experiencia pasada.

Siempre digo que debemos esperar lo mejor, y prepararnos para lo peor. Allá donde miremos desde una perspectiva global o en el contexto de los eventos ocurridos en China, tenemos razones para esperar una resolución rápida al conflicto del Tíbet. Sin embargo, también debemos prepararnos bien en caso de que la lucha tibetana se extienda en el tiempo. Para esto, debemos centrarnos primeramente en la educación de nuestros niños y en la formación de profesionales en diversas áreas. También debemos despertar concienciación sobre el medio ambiente y la salud, y mejorar la comprensión y la práctica de métodos no-violentos entre la población general tibetana.

Me gustaría aprovechar esta oportunidad para expresar mi sincero agradecimiento a los líderes y el pueblo de la India, así como a sus gobiernos central y estatales, que a pesar de los problemas y obstáculos a los que se enfrentan, han proporcionado un apoyo y asistencia de valor incalculable a los tibetanos durante los 50 años de su exilio. Su amabilidad y generosidad no tienen medida. También me gustaría expresar mi gratitud a los líderes, gobiernos y gentes de la comunidad internacional así como a los distintos grupos de apoyo al Tíbet por su apoyo incesante.

Que todos los seres sintientes vivan en paz y felicidad.

El Dalai Lama

10 de marzo, 2009

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