Entrevista: El 17º Karmapa: Los tibetanos solo volverán al Tíbet si se dan las condiciones adecuadas.

Como Su Santidad el Dalai Lama, que escapó del Tíbet en 1959, el segundo monje budista tibetano, el 17º Gyalwang Karmapa, llegó de incógnito a la India hace casi diez años siendo un adolescente. Pero su deseo de volver algún día permanece con la esperanza de que los tibetanos sean capaces de vivir “una completa libertad, religiosa y de otros tipos”.

Aunque su aspecto infantil se transforma en el de un joven adulto, Ogyen Trinley Dorje, popularmente conocido como el Karmapa Lama, se está preparando para tomar la responsabilidad asociada con el alto cargo en la religión y tradición tibetana que le corresponde.

Sin arrepentirse de haberse fugado del monasterio de Tsurphu, cerca de Lhasa, para llegar a Dharamsala el invierno de 2000, el Karmapa dice que le gustaría volver al Tíbet, pero solo si la situación lo merece: “Si me preguntas sobre volver, la respuesta es sí. Todo el mundo tiene derecho a volver a su propio país. Estamos luchando por esa oportunidad. Un día, este deseo se hará realidad”, dijo en una entrevista en su residencia temporal en las faldas del nevado pico himalayo de Dhauladhar, dentro de la Universidad Tántrica de Gyuto, en Yol Cantt, cerca de Dharamsala.

“Los tibetanos han visto 50 años de sufrimiento después de que tuvieran que irse de su país por la fuerza. Se han quedado sin país y sin hogar. Incluso después de 50 años, los tibetanos quisieran poder volver, pero eso solo ocurrirá si la situación es ideal para poder hacerlo. El problema que existe es si podrían vivir como tibetanos, con una completa libertad, religiosa y de otros tipos”.

Cada día, un buen número de personas, la mayoría extranjeros de países occidentales, así como de Australia, Japón, Taiwán, Corea del Sur y otros, llegan a este monasterio para pedir una bendición de este líder religioso de 24 años de edad. Entre ellos la estrella de Hollywood, Richard Gere, la semana pasada.

Rodeado de la estricta seguridad del Ejército Indio, comandos tibetanos y la policía autonómica de Himachal Pradesh en todo momento, el joven Karmapa claramente parece haber ganado en confianza y se ha vuelto más decidido desde que fuese revelado al mundo tras su llegada en 2000.

“El principal propósito de mi salida del Tíbet era tener la oportunidad de completar unos importantes estudios religiosos y conseguir las transmisiones necesarias. Ya las he recibido”, explica a través de un intérprete. Aunque sabe inglés, prefiere servirse de traductores para comunicarse con la prensa, respondiendo con paciencia después de sopesar mentalmente sus palabras.

Sus giras deben ser supervisadas por los Ministerios de Interior y Asuntos Exteriores. En los últimos meses, el Karmapa ha estado de gira por Estados Unidos y Hong Kong, además de varios puntos de India. Sin embargo, su entrada en el Monasterio de Rumtek, en Sikkim, todavía está prohibida por el gobierno central.

En el círculo tibetano exiliado de Dharamsala y otras zonas de India, el futuro rol del Karmapa es convertirse en el líder de la comunidad tibetana, sabiendo que el Dalai Lama, de 73 años, está envejeciendo.

“Me gustaría pensar en mí mismo como en una persona de sustancia. Aunque soy tibetano, soy portador del nombre de Karmapa, que es una responsabilidad importante. Estoy manteniendo la institución de los Karmapas, que tiene 900 años de historia. Si se produce cualquier problema, deberé afrontarlo como Karmapa”, responde cuando se le pregunta si está preparado para dirigir a la comunidad tibetana después del Dalai Lama.

En una analogía, explica: “En la tradición religiosa tibetana, se supone que los monjes no deberían comer carne. Pero dadas las duras condiciones que hay en las frías montañas, donde no hay vegetación, tienen que adaptarse a comer carne para poder sobrevivir. De manera similar, si aparece un problema, yo deberé adaptarme en consecuencia”.

Refiriéndose a la reciente decisión de la reunión de altos lamas celebrada en marzo, en la que se decidió crear una ley según la cual todas las futuras reencarnaciones de altos lamas se produzcan únicamente en la comunidad tibetana exiliada, el Karmapa justifica la decisión:

“En un Tíbet libre, el sistema anterior funcionaba muy bien. Ahora la situación es diferente. La comunidad tibetana está dividida entre quienes viven dentro del Tíbet y quienes viven fuera. Así que el sistema necesita adaptarse según la situación. Algunos de los puntos que se observaban antes (a la hora de seleccionar a los tulkus) ahora ya no son relevantes”.

Fuente: Tibet.net

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