Muere torturado uno de los monjes que protestaron ante periodistas extranjeros

Jamyang Jinpa (37), monje del monasterio de Labrang (Tíbet) ha muerto tras sufrir severas torturas bajo custodia china. Jinpa fue detenido después de protestar ante periodistas extranjeros que visitaron su monasterio el 9 de abril de 2008. Labrang es un monasterio muy importante en el condado de Sangchu (Amdo). La muerte de Jinpa, acaecida el pasado domingo, se ha producido apenas unas semanas después de fallecer Sangey Gyatso (42), otro de los quince monjes que participaron en la protesta.

Jamyang Jinpa fue detenido por la Policía Armada el 9 de abril de 2008 por la noche, apenas unas pocas horas después de aparecer en televisión. Debido a su buen dominio del inglés, se le pidió que hiciese de guía para un grupo de periodistas llegados de fuera de China. El recorrido fue organizado por las autoridades chinas con la intención de mostrar que la situación ya había vuelto a la normalidad después de los disturbios del 10 de marzo de 2008, que se desarrollaron también en Labrang, donde miles de personas participaron en manifestaciones y concentraciones pacíficas. Pero cuando un grupo de catorce monjes se presentaron en el patio del monasterio para protestar de forma pacífica delante de las cámaras, Jamyang Jinpa se unió a ellos, hablando a los periodistas de la falta de derechos humanos en Tíbet.

Según otros monjes de Labrang que actualmente están en el exilio, las autoridades se pusieron en contacto con la familia de Jamyang más de un mes después para que fuesen a buscarle a un centro de detención.

“Cuando salieron a recoger a Jamyang Jinpa, no podía andar, ni sostenerse de pie, y no tenía sensibilidad en las piernas”, asegura un tibetano que tiene contactos con monjes de Labrang. “No reconocía a sus familiares, había perdido totalmente la visión, y parecía no recordar qué le había pasado. Parece que las autoridades le pusieron en libertad solamente porque no querían hacerse cargo si se moría”.

La familia le proporcionó atención médica y durante los últimos dos años había mejorado de la vista y en salud mental, pero su condición general siguió deteriorándose y falleció el pasado 3 de abril sobre las 10 de la mañana, hora local. Sin conocer los detalles concretos de su condición física, es imposible determinar la causa de la muerte. Incluso hablar de este asunto se considera peligroso para sus allegados en Tíbet, y por la misma razón no es posible iniciar una investigación médica. Se ha sabido que Jamyang estaba en perfecto estado de salud antes de ser detenido.

Según un doctor entrevistado por International Campaign for Tibet y con experiencia en atender a personas torturadas, los síntomas que presentaba Jinpa a la hora de ser puesto en libertad eran de torturas evidentes: Las hemorragias cerebrales pueden ser resultado de patadas o golpes en la cabeza, y en este caso pudo haberse combinado con otros factores, como daños en los riñones debidos a golpes fuertes o a una deshidratación severa. Esto puede causar un daño irreparable de los riñones a largo plazo, y puede asociarse también con una lesión crónica del sistema nervioso. Los golpes en la cabeza también pueden provocar inestabilidad y problemas de visión.

Jamyang Jinpa pertenecía a una familia de nómadas y se hizo monje cuando rondaba la veitena. Escapó al exilio a principios de los 90 y estudió inglés y tibetano en las escuelas tibetanas de la India. A su regreso en 1996, decidió ordenarse, y debido a su dominio del inglés se convirtió en el intérprete principal de los visitantes a Labrang, trabajando en la oficina del monasterio.

Las imágenes de él y otros monjes protestando delante de las cámaras de periodistas extranjeros dieron la vuelta al mundo. En ellas, puede verse a Jamyang cubriéndose la cabeza con el hábito, pidiendo derechos humanos en Tíbet.

Sus compañeros de Labrang en el exilio han rendido tributo hoy a un monje al que describen como “fuerte y valiente”. Uno de ellos, Geden Gyatso, amigo desde hacía 14 años, dice: “Le conocí por primera vez en 1997 cuando el gobierno local empezó su programa de Educación Patriótica en distintos monasterios de Tíbet, incluido el nuestro. Incluso entonces se atrevió a mostrar sus sentimientos negándose a esta política. También estaba muy orgulloso de haber podido darnos una explicación de la situación de los exiliados en India, por su propia experiencia en Dharamsala”.

Otro monje de Labrang, también llamado Jamyang, participó en la misma protesta ante la prensa en abril de 2008 y escapó después al exilio: “Nos conocíamos de hace muchos años, porque estudiábamos en el mismo monasterio, pero no siempre podíamos compartir nuestros pensamientos por la atmósfera tan tensa y el miedo de decir nada sobre política. Pero una vez escuché a Jamyang hablar sobre sus experiencias en la India, y en aquel momento se expresó muy seriamente sobre el movimiento de liberación tibetano en el mundo exterior. Fue muy interesante y una lección muy importante para los que estábamos dentro”.

Tras la protesta en el monasterio, la Policía Armada se distribuyó por cada una de las esquinas del centro y registraron todos los dormitorios de los monjes. Muchos de ellos fueron detenidos, casi todos ellos sufrieron salvajes torturas. Uno de los que protestaron, Tsultrim Gyatso, fue sentenciado a cadena perpetua, y otro, Thabkhe Gyatso, a 15 años en prisión. Las autoridades no informaron en ningún momento a los familiares de que iba a celebrarse un juicio y les negaron la posibilidad de comunicarse con ellos durante el año largo que duró el proceso. Tres de los monjes que participaron en la protesta consiguieron escapar y huir a la India, donde fueron recibidos como héroes en Dharamsala.

Uno de ellos, Lobsang, explicó al New York Times en una entrevista que decidieron protestar delante de los periodistas para mostrar sus sentimientos al mundo exterior: “Las protestas fueron causadas por los problemas de derechos humanos que tiene China con el Tíbet. No lo podíamos soportar más. Me uní a la protesta con la idea de salvar el budismo, que está en peligro por las políticas chinas. Quiero que Su Santidad el Dalai Lama vuelva al Tíber, pero los chinos no permiten ni que haya imágenes suyas”.

Sangey Gyatso, que falleció el 26 de febrero de 2011, era uno de los que organizó la protesta. Falleció torturado después de pasar más de un año como fugitivo.

 

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