Lugeon, Kalsang y Tselo cuentan el drama de los niños refugiados tibetanos

Estudiantes tibetanas en el campo de refugiados de Paljorling

 

Durante la noche, caminan por las montañas y se ocultan cuando llega la mañana para evitar a los espías chinos. Esta es la historia de muchos niños de entre 12 y 15 años que escaparon de pequeñas aldeas del Tíbet y alcanzaron la India. Cruzaron más de mil kilómetros a pie en apenas cien días.

 

Recientemente tres de estos jóvenes estuvieron en la ciudad de Bangalore con sus bicicletas intentando llamar la atención sobre la dominación china sobre Tíbet. Según contaban, a los padres tibetanos les preocupa el futuro de sus hijos, por lo que son obligados a escapar de su hogar y huir a la India.

 

“Como cinco o seis mil tibetanos consiguen escapar a la India cada año. Después de llegar a la India, primero nos llevan a Dharamsala, y después son llevados a la Aldea de Niños Tibetanos y a los Hogares de Mussorie. Estamos allí junto a otros niños de Tíbet, compartiendo nuestras historias de soledad”, explica Lugeon Thar, un joven de 21 años.

 

“Nuestros profesores nos quieren y cuidan de nosotros, pero siempre se echa en falta algo. Necesito alcanzar esa felicidad de algo que ya no tengo. Y estoy seguro de que todos los chicos tibetanos están igual”, añade.

 

Los estudiantes en Tíbet son obligados a estudiar en chino y competir con estudiantes chinos: “En la mayoría de las universidades no hay plaza para nosotros, y nadie da trabajo a los estudiantes tibetanos. Así que lo habitual es que acabemos trabajando en el campo o en algún oficio básico. Aunque China diga que el Tíbet se está desarrollando y que está llegando mucho dinero para construir carreteras y vías de tren, generalmente son de beneficio para los colonos chinos, y tienen muy poco impacto en nuestras vidas”, dice Kalsang Gyaltsen, de 19 años, que escapó de su país cuando tenía doce.

 

“Estamos aquí solos, sin un miembro de nuestra familia que nos guíe. Pero tenemos que ser fuertes, no sólo por nosotros, sino también por nuestras familias; por todos los tibetanos que siguen en Tíbet luchando bajo la opresión china, donde ni siquiera los monjes y monjas se salvan”, dicen.

 

“Tienen que enviar una delegación de investigación internacional independiente al Tíbet para que se conozcan las auténticas condiciones que tienen allí”, coinciden en decir los tres. El grupo seguirá pedaleando y concienciando hacia Chennai, Bombay, Goa, Jaipur y Gandhi Nagar.

 

“Yo tenía trece años cuando mi abuelo me sugirió irme del Tíbet. Entonces no entendía lo que aquello suponía. Me emocionaba ver el mundo por primera vez. Mi abuelo arregló algunos documentos y me llevó a la frontera. Crucé con éxito. No tenía dinero, y me llevaron a un centro de refugiados tibetanos, donde pasé tres meses. Fue entonces cuando me dí cuenta de que tal vez jamás volvería a ver a mi familia”, cuneta Tselo Gyal, de veintiún años.

 

Fuente: Times Of India.

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