Protestas sin incidentes en Yushul y Nangchen, pese a amenazas de Pekín

Coincidiendo con el día de protesta mundial de ayer 8 de febrero, casi 1500 tibetanos de Yushul, en Tíbet oriental, celebraron una protesta pacífica, portando pancartas pidiendo el regreso de Su Santidad el Dalai Lama y respeto para las vidas de los tibetanos.

 

 

Según informa la web Phayul, unos 400 monjes del monasterio de Dzil Kar, en Tridu, iniciaron una marcha hacia la localidad de Dza Toe ayer a las 10 de la mañana. Los monjes se encontraron con un gran número de policías en un puente, donde les informaron de que la marcha no podía seguir adelante.

 

 

“Creció la tensión y más de mil tibetanos de toda la zona se unieron a los monjes para protestar. La protesta duró casi tres horas”, han explicado fuentes del exilio que pudieron comunicarse con testigos presenciales.

 

Los monjes portaban pancartas escritas en rojo y azul, en representación de las dos deidades protectoras del Tíbet, pidiendo el regreso del Dalai Lama, la puesta en libertad de los presos políticos tibetanos, incluído el Panchen Lama, y respeto por la vida de los tibetanos.

 

Sin embargo, sorprendentemente no se produjo ninguna detención, aunque poco después sí ha aparecido una enorme presencia policial y militar en toda la comarca.

 

La protesta se produce un día después de que un alto cargo de Pekín afirmase que “China aplastará cualquier intento de incitar a la violencia o atentar contra la unidad y la integridad nacional”. Yushul se encuentra muy cerca de Drango y Serthar, comarcas en las que la policía ha abierto fuego indiscriminadamente contra los tibetanos en las últimas semanas.

 

TAMBIÉN EN NANGCHEN

 

No fue la única protesta ayer en Tíbet. Unas mil personas, en su mayoría laicos vestidos con ropa tradicional, llenaron el campo de fútbol mientras eran vigilados por las autoridades.

 

Allí recitaron oraciones y gritaron consignas por la libertad del Tíbet y larga vida al Dalai Lama. Cuando los agentes armados se aproximaron, los khampas exclamaron “¡kyi hi hi!”,  un grito tradicional de guerra. Los agentes se replegaron, quedándose observando desde cierta distancia. No hubo enfrentamientos y los tibetanos permanecieron dentro del estadio en todo momento.

 

 

Al mismo tiempo, varios cientos de tibetanos se congregaban también en el monasterio de Nangchen.

 

 

 

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