El comentario que nadie pudo leer… hasta ahora

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Finalmente nunca ocurrió. Una de las grandes ventajas del internet 2.0 es poder dejar comentarios en las noticias de las webs informativas. Una de las más interesantes es la del diario Público. Sin embargo, por alguna razón el responsable de moderar los comentarios tiene razones desconocidas para dejarle a uno con la palabra en la boca de cuando en cuando. Es lo que pasó el miércoles cuando el responsable de ¡Libertad Para Tíbet! intentaba comentar el artículo “Tíbet muere entre llamas”.

 

Ante todo, dar las gracias al diario Público por difundir lo que está ocurriendo en Tíbet, a pesar de que tal vez lo mejor y más justo fuese dejar que cada cual expresara su opinión libremente. Aquí tenéis el comentario que nadie pudo leer:

 

“Hola, soy el responsable de ¡Libertad Para Tíbet!, una web dedicada a informar de la situación real que se vive en Tíbet de forma cotidiana.

 

Quisiera hacer unas puntualizaciones sobre el artículo, aunque agradezco que al menos Público de algo de difusión a este conflicto:

 

Aba (Ngaba, en tibetano) no está “al oeste de Sichuan”. Sichuan es una de las provincias “ficticias” que creó China tras invadir Tíbet. La mayor parte de Sichuan ha sido desde siempre la región tibetana de Kham.

 

Por tanto, resulta cuanto menos sorprendente que se hable de que sea una provincia “habitada por tibetanos en China”. Si Ngaba ha sido Tíbet durante miles de años, es OBVIO que esté habitado por tibetanos.

 

Por otro lado, se habla de inmolaciones por parte de monjes exclusivamente, cuando también se han inmolado laicos. Y la violencia étnica de 2008 no fue étnica, sino policial y militar. Ya es abiertamente sabido -de hecho China ni siquiera lo ha ocultado- que los monjes que causaron disturbios y se comportaron de manera violenta eran militares chinos disfrazados. Por ridículo que suene esto, como digo es algo sobradamente sabido desde hace tiempo.

 

En cuanto a la amenaza del gobierno de sancionar a los funcionarios que no combatan las protestas tibetanas, es importante señalar que esto es así únicamente para los funcionarios tibetanos. Los chinos no tienen esta imposición.

 

Por otro lado, Público vuelve a caer en lo mismo que caen casi todos los medios: ¿Qué esperan que diga el Partido Comunista? ¿Qué esperan que digan sus medios oficiales? ¿Qué esperan que diga Xinhua? Por supuesto, van a desprestigiar la nacionalidad tibetana sin importar cuánto tengan que manipular, mentir o inventar: Para empezar, al movimiento pro-tibetano siempre ha tenido un interés CERO en los congresos del PC. Por otro lado, llevan desde 1959 hablando del “sabotaje secesionista de la camarilla del Dalai” cuando el mundo entero ha escuchado a Su Santidad repetir hasta la saciedad que no quiere una independencia total sino una autonomía auténtica aun dentro de China.

 

Los “secesionistas”, como nos llama China a los pro-tibetanos estamos “mucho más decididos” a actuar por la situación insoportable que se vive en Tíbet, no por que vaya a celebrarse ningún congreso ni porque Xi Jinping vaya a acceder al poder. Por cierto, es lamentable que el propio diario Público también se refiera a “la camarilla del Dalai”, una vieja forma del gobierno de Pekín de menospreciar e insultar al exilio. Si os documentáis, veréis que es extremadamente fácil encontrar declaraciones de la Administración Central Tibetana en el exilio en las que se anima a los tibetanos a no celebrar festivamente el Año Nuevo Tibetano, limitándonos a celebrar las prácticas budistas propias de la fecha. Pero el gobierno chino prefiere decir que el Dalai Lama tiene “planes para destrozar las celebraciones”. Después de tantas muertes y tanta represión, está claro quién está destrozando algo. Nosotros nos limitamos a no celebrar ninguna fiesta y limitarnos a los actos religiosos. Es China quien crea alarma y tensión alrededor del Losar (Año Nuevo Tibetano); los pro-tibetanos y los tibetanos que viven en su país nunca han tenido problema con el Losar, ni se ha visto relación alguna entre el Losar y rebelión alguna. Sencillamente, el Losar es una de esas cosas que los tibetanos tienen que hacer como China ordena y manda. Por eso, los tibetanos deciden no celebrarlo. No hay boicot ni conspiración por ninguna parte.

 

En cuanto a los disparos de Sertha a finales de enero, la policía no abrió fuego contra dos tibetanos, sino contra cientos de ellas. Dos fueron los que murieron, pero hay una gran cantidad de documentación gráfica y testimonios sobre un gran número de heridos de bala; de nuevo, muy fácilmente localizable por internet. De hecho, la máquina de propaganda del gobierno chino (la agencia Xinhua) vuelve a mentir abiertamente  al atribuir la violencia policial a “un acto de autodefensa” porque los testigos presenciales aseguran que los policías dispararon desde dentro de la comisaría a través de las ventanas y hay videos en los que se puede comprobar claramente que los tibetanos se limitaron a estar concentrados fuera, voceando y protestando, pero en ningún momento se comportaron de forma violenta ni iban armados. Durante el paso de los años China parece no haber tenido ningún problema en mentir abiertamente incluso cuando el mundo entero sabe que es mentira. Este es un caso más.

 

Otra de esas mentiras descaradas es el supuesto impulso del Dalai Lama a las inmolaciones. Tanto él como Su Santidad el Karmapa (tercera autoridad espiritual tibetana, después del Dalai Lama y el Panchen Lama, éste último secuestrado por China desde 1995, cuando tenía seis años) ya han expresado más de una vez, en público y sin ningún lugar a la manipulación ni a la duda, que las inmolaciones no son la forma de solucionar nada, que son algo muy triste, pero que al mismo tiempo comprenden la absoluta desesperación de los tibetanos. Una desesperación que el mundo entero pudo comprobar cuando la prensa extranjera entró en un monasterio hace años y los monjes estallaron en lágrimas, suplicando a los medios que les prestaran atención. ¿Eso también era una “conspiración de la camarilla del Dalai”?

 

En Tíbet hay mucha gente completamente desquiciada de desesperación, la situación para muchos de ellos es irremediablemente insoportable, pero también están todas las cosas que no dicen nunca los medios. Y ya no es cuestión de ideología política: Los tibetanos son considerados enfermos mentales por no hablar chino, y son humillados y maltratados por ello; los tibetanos sólo tienen derecho a la sanidad pública como ciudadanos de segunda categoría y los chinos tienen siempre prioridad; las mujeres tibetanas casi nunca van al médico porque son esterilizadas u obligadas a abortar (aunque vayan por cualquier otro motivo); los tibetanos pasan directamente de la calle a la cárcel, sin pasar por juicio, y los que tienen la suerte de recibir juicio, no tienen derecho a la defensa; ser tibetano y ser arrestado por la policía es garantía de ser torturado; los tibetanos que se han dedicado al pastoreo nómada desde hace siglos son obligados por la fuerza a establecerse en aldeas-gueto y la pequeña “indemnización” que les dan tienen que gastarla en comprar el material de construcción para levantarse ellos mismos sus nuevas viviendas y no reciben ningún tipo de asesoramiento ni ayuda para poder ganarse la vida de otra manera, después de muchas generaciones siendo pastores; China se supone que es un estado aconfesional que en la práctica limita y controla las actividades de los monasterios -el “alma” de la cultura tibetana-, en todos los campus religiosos están obligados a colgar retratos de los líderes chinos y propaganda del gobierno e incluso se toman la libertad elegir a dedo a un “Panchen Lama” falso simpatizante con el régimen cuando al mismo tiempo reconocen que tienen bajo custodia forzada y sometiendo a lavados de cerebro al auténtico, o se toman la libertad de decidir ellos quién se supone que será la reencarnación del Dalai Lama cuando es un asunto absolutamente ajeno a su poder, a su voluntad y a sus creencias; todos los tibetanos del Tíbet tienen vigilada (de forma directa y a tiempo real) su conexión a internet, y la gran mayoría de los teléfonos están pinchados, hasta el extremo de que cuando intentas hablar de algún “tema sensible” con el exilio, de pronto habla un funcionario chino diciendo que tienes que colgar inmediatamente; cuando las autoridades chinas hacen redadas en viviendas tibetanas -algo muy habitual- no importa que esté la persona a la que buscan: Si no está, pueden llevarse a cualquier familiar o vecino con tal de que sea tibetano; cuando las autoridades se llevan a un tibetano, da igual que esté sano o moribundo, se haya prendido fuego o lo hayan reventado de una paliza policial, nunca se informa a sus familiares sobre su estado ni su paradero; de hecho la mayoría de los tibetanos que han muerto al prenderse fuego, no han muerto por las quemaduras sino porque llega la policía y le pegan una paliza allí mismo y le siguen maltratando estando retenido; en Tíbet, la bandera de Tíbet es ilegal; el himno de Tíbet es ilegal. Incluso escapar a través de los Himalayas para una peregrinación budista a la India y volver voluntariamente para seguir con tu miserable vida cotidiana es motivo de arresto, tortura y prisión sin ninguna garantía de justicia.

 

Así que no es una cuestión de ideología política, sino un desprecio total y absoluto por los derechos fundamentales más básicos.

 

Muchas gracias por vuestra atención”.

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