El nuevo gobernador de Ngaba promete “golpear estrictamente” a las fuerzas “separatistas” que pretenden “sabotear la unidad de la Madre Patria”.

Las cosas no parecen haber cambiado nada desde los años 50.

 

 

El nuevo máximo responsable del Partido Comunista en Ngaba (Tíbet) ha prometido mantener la “estabilidad” en la región y golpear con dureza las actividades de las “fuerzas hostiles”.

 

“Debemos prevenir y golpear estrictamente las actividades de fuerzas tanto locales como extranjeras que tienen intenciones separatistas, de infiltrarse y sabotearnos”, dijo Liu Zuoming durante un discurso ante oficiales locales el sábado.

 

“Debemos aplastar concienzudamente cualquier complot para sabotear la estabilidad de Aba que ponga en peligro la unidad de la Madre Patria”, dijo según ha informado AFP.

 

Fiscal del estado, Liu tiene 54 años y por supuesto es han, la etnia china mayoritaria. Fue designado como jefe del Partido Comunista de Ngaba el 11 de febrero. Hasta entonces, era el director de la Oficina de Justicia. Su predecesor en Ngaba, Shi Jun, ha sido ascendido a jefe de la policía de toda la provincia china de Sichuan, lo que muestra una vez más hasta qué punto en China los poderes políticos y judiciales y la acción directa de las fuerzas armadas van de la mano.

 

Ngaba ha sido el epicentro de las protestas tibetanas. Allí está el trístemente famoso monasterio de Kirti, donde vivía Phuntsog, el monje que hace ahora casi un año decidió prenderse fuego para llamar la atención sobre la situación de los tibetanos. Desde entonces, tan sólo en la región de Ngaba, ya son catorce los auto-inmolados, a los que se suman nueve más en otras zonas de Tíbet, incluido el primer caso, en 2009. De hecho, los dos últimos casos ocurrieron en Ngaba cuando Liu ya había tomado posesión de su cargo.

 

Espeluznante. Con artefactos así, es comprensible que muchos tibetanos mueran fácilmente tras recibir una paliza de la policía china.

Toda la región sigue estando bloqueada. Los pocos periodistas que han podido infiltrarse han confirmado que se encontraron con una auténtica “zona de conflicto”. Informando para The Guardian, un periodista británico que estuvo allí recientemente decía que en Ngaba capital (con unos 70.000 habitantes, 8.000 de ellos monjes) los escuadrones de fuerzas armadas chinas estaban apostados cada 30 o 40 metros por toda la ciudad con equipo antidisturbios completo incluidas armas automáticas, escudos, y algo que según el periodista no había visto nunca, un artefacto “medieval” parecido a bastones con pinchos.

 

Hace poco, el Kalon Tripa dijo que “si el gobierno chino piensa que el conflicto tibetano se puede arreglar por medio de la violencia, la fuerza y la intimidación, no lo conseguirá, porque el espíritu tibetano es fuerte”, dijo Sangay. “El espíritu tibetano seguirá siendo fuerte hasta que se reestablezca la libertad en Tíbet y Su Santidad el Dalai Lama vuelva a Tíbet”.

 

 

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