Escalofriante testimonio sobre lo que China no quiere que el mundo vea: Lhasa es un auténtico gueto tibetano controlado por el ejército

 

Un tibetano que acaba de volver de Lhasa ha contado a la organización Rangzen Alliance todo lo que allí ha visto. El relato es verdaderamente escalofriante y cuesta no acordarse de las condiciones en las que judíos, homosexuales o gitanos malvivían bajo el dominio nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Militares llevan detenidos a varios tibetanos en un pueblo. Foto de archivo.

Rangzen Alliance — Hay tibetanos que están desapariciendo; todo el mundo está muerto de miedo por un baño de sangre que parece inevitable. En Lhasa viven unos 1.200.000 chinos y aproximadamente 200.000 tibetanos. La mayoría de estos tibetanos viven en un barrio que está casi totalmente bloqueado por destacamentos militares con muros de entre tres y cinco metros de altura, algunos de ellos con cable de espinas. El aislamiento da la impresión de recordar al gueto de Varsovia [durante la Segunda Guerra Mundial]. Dentro de la zona controlada hay soldados armados, equipos de intervención policial y patrullas de policía por las calles veinticuatro horas al día. Las voces de las órdenes militares pueden oírse a lo largo del día entero. Hay camiones de intervención especial y vehículos armados en filas de entre seis y quince. Hay tanques rondando por la zona todos los días. Cada vehículo tiene en su interior a tres o cuatro soldados dispuestos en las torretas de las ametralladoras, armados además con rifles de asalto y ametralladoras de mano con las que amenazan a los tibetanos.

 

Todos los tibetanos deben ir identificados en todo momento. Los tibetanos residentes en Lhasa deben registrarse obligatoriamente en las comisarías de policía por el mero hecho de ser tibetanos y vivir en la ciudad. Han aparecido de pronto 134 puntos de control policial desde los que se cachea a los viandantes y se registran vehículos conducidos por tibetanos. Además de los puestos militares que hay de forma permanente en Lhasa y sus alrededores, se han establecido muchos más puestos militares de uno a diez soldados.

 

Policía Armada en las calles de Lhasa. Los vecinos chinos no tienen ningún tipo de limitación.

 

 

Las ceremonias de Kalachakra, uno de los eventos budistas más importantes, que se celebraron el pasado mes de noviembre en Bodhgaya (el lugar en el que Buda alcanzó el Nirvana) con la presencia de Su Santidad el Dalai Lama contó con la presencia de unos diez mil tibetanos que escaparon del país únicamente para asistir a estas jornadas. De esos diez mil, unos tres mil son en realidad informadores del gobierno chino. Los otros siete mil, cuando volvían a sus hogares a través de la India, Nepal, Hong Kong, etc. fueron en su totalidad retenidos y trasladados a campos de “reeducación” por un mínimo de tres meses. Los ancianos suplicaron que por favor les dejasen dormir en sus casas debido al terrible frío, pero se lo han prohibido. En muchos casos, cuando los familiares se han acercado con mantas para sus mayores, les dijeron que ya no estaban allí y que no sabían dónde se los habían llevado. Los siete mil tibetanos retenidos en los campos es habitual que se vean sometidos a interrogatorios. Son obligados por medio de amenazas y torturas físicas y psicológicas a decir en qué trabajan -a pesar de que todos han sido despedidos inmediatamente-, se les han cancelado sus pensiones y otras ayudas, se les obliga a dar nombres de parientes y sus datos de contacto, etc. Entonces es cuando se producen las redadas de casa en casa y esos familiares son también retenidos para ser interrogados y torturados sin importar que sean totalmente inocentes.

 

Aproximadamente cincuenta monjas que viajaban en autobús de camino a un retiro espiritual fueron arrestadas y retenidas para ser interrogadas, después de que un informante las acusara de haber hablado contra el gobierno. Todavía no se sabe nada de su situación ni su paradero.

 

Por su parte, también ha sido detenido un artista tibetano por pintar un tibetano que mira hacia un reloj que hay sobre su cabeza y ponerle como título “Esperando”.

 

También me han dicho que agentes de Seguridad del Estado se han llevado a mucha gente y no vuelven jamás. Simplemente desaparecen.

 

 

Los muchos puntos de control que hay en las carreteras de Tíbet sirven para mantener alejados a los tibetanos que no vivan en Lhasa. Además, si un monje o monja va en coche, los policías o los soldados no sólo le obligan a dar marcha atrás, sino que además le quitan el vehículo y le hacen volver andando. A todos los tibetanos que son parados en los controles les toman todos los datos. El palacio del Potala -la antigua residencia de los Dalai Lama- es un sitio de peregrinación religiosa para muchos tibetanos, sobre todo durante el Losar, el año nuevo tibetano, pero las carreteras de los alrededores están bloqueadas para que en Lhasa sólo estén los tibetanos que viven en la ciudad.

 

Agentes de la Policía Armada frente al Potala.

 

 

Antes vivían en el Potala de trescientos a cuatrocientos monjes; actualmente sólo son treinta y seis. Los soldados y otros funcionarios de seguridad viven ahora en las habitaciones en las que residían los religiosos. Forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, pero el gobierno chino lo utiliza en la práctica como puesto militar. Hay un enorme complejo militar que ocupa varias instalaciones. El antiguo monasterio femenino que se encontraba en la explanada delante del Potala sigue ahí, pero ahora son búnkers militares.

 

Entrada del monasterio de Jokhang

 

El cercano monasterio de Jokhang tiene tanta presencia militar y policial, tanto dentro como alrededor, que tienes que tener cuidado de no darte de bruces con ellos cuando llenan las calles del mercado cercano cuando salen a patrullar.

 

El monasterio de Drepung alojaba a entre siete y diez mil monjes. Actualmente viven menos de setecientos, y se dice que hay cien de ellos que están en huelga de hambre.

 

Por su parte, en el monasterio de Sera vivían unos seis mil monjes que ahora se reducen a unos doscientos cincuenta. Sera está rodeado por estaciones de policía y campamentos militares. Militares y policías patrullan sin descanso el campus, incluso interrumpiendo los debates monásticos que forman parte de sus estudios sobre filosofía budista.

 

Norbulingka, el palacio de verano del que tuvo que escapar a toda prisa el Dalai Lama en 1959 conserva apenas entre seis y diez monjes, de los trescientos que lo habitaban antiguamente. Los objetos personales que pertenecían al Dalai Lama cuando huyó a la India fueron vendidos a un hombre de negocios chino y se cobra entrada a los turistas para ver los animales, a pesar de que todo el recinto de Norbulingka está en teoría protegido como Patrimonio de la Humanidad.”

 

 

El autor del testimonio, reproducido por Phayul.com y traducido al español por ¡Libertad Para Tíbet! ruega la difusión para que el máximo de gente posible -incluidas organizaciones de Derechos Humanos, gobiernos, medios de comunicación, Facebook, Twitter, etc.- sepa cual es la situación real que se vive en estos momentos en Tíbet y muy especialmente en la capital, Lhasa.

 

Muchas gracias.

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One response to “Escalofriante testimonio sobre lo que China no quiere que el mundo vea: Lhasa es un auténtico gueto tibetano controlado por el ejército”

  1. Anna Amores Brun says :

    Es una situación insostenible,es un genocidio en toda regla.Europa y el resto de paises parece no interesarles la situación que erroneamente decimos actual pero en realidad ha sido progresivo y continuado desde la salida de su S.Santidad.No se estan respetandando los más minimos derechos fundamentales,es más es una violación sistemática de todos ellos.Hay gente que dice que pronto acabará,que esto no puede durar pero sinceramente y desde mi más humilde opinión no le veo fin.Simplemente hasta que el resto de paises tome conciencia de ello esto no va a parar.

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