Crece alarmantemente el número de monasterios cerrados por la huída de los monjes y ocupados por oficiales chinos

Un grupo de monjes llora suplicando ayuda durante una visita organizada de periodistas a un monasterio de Lhasa en 2008 con la que el gobierno chino pretendía demostrar al mundo lo "felices" que son los tibetanos.

 

Muchos monasterios en Tíbet se han visto forzados a entregar su administración a miembros del Partido Comunista chino mientras que otros están cerrando debido al boicot de los monjes residentes, después del aumento incesante de la represión y los controles a los que se ven sometidos por parte de las autoridades.

 

El Centro Tibetano por los Derechos Humanos y la Democracia (TCHRD), con sede en Dharamsala, publicó ayer una nota de prensa relatando casos de “grupos de trabajo” del gobierno chino que se han hecho con la gestión interna de los monasterios por la fuerza, lo que ha causado que muchos monjes se vayan como forma de boicot.

 

“Monasterios tibetanos en Nagchu, en el condado de Diru, han sido obligados a entregar la totalidad de la administración y gestión monástica a grupos de oficiales enviados por el gobierno chino”, dice el comunicado. Estos “grupos de trabajo” están compuestos de un mínimo de cinco personas y visitaron los monasterios de Taklung y Chölung a finales de febrero e hicieron inventario, incluidas todas las piezas de arte antiguo y prohibieron a los responsables no hacer ningún tipo de transacción sin su supervisión.

 

“Agobiados de las clases de “reeducación patriótica” y los contínuos interrogatorios sobre ellos o alguien que conozcan tienen algún contacto con tibetanos que vivan en el exilio, o si hay algún ex-monje que viva actualmente en la India, los monjes han decidido por su cuenta abandonar sus monasterios tras la llegada de los funcionarios”, explica el TCHRD.

 

Los monasterios no son simples centros monásticos, sino residencias en las que muchos monjes viven, estudian, rezan, aprenden y se relacionan desde la infancia, incluidos grandes maestros y lamas reencarnados que enseñan budismo y protegen escrituras, figuras, reliquias sagradas y edificaciones antiguas de valor incalculable. Muchos monasterios tibetanos llegan a tener hasta mil años de antigüedad y no sólo albergan bienes extraordinariamente valiosos sino que además han sido escenario de momentos clave en la historia del budismo y hogar de grandes maestros iluminados venerados desde hace siglos, además de servir como centros culturales y espirituales de todos los vecinos de la zona.

 

Otros monasterios, como Bekar, Drong-na, Rabten y Roggyen han terminado por cerrar, después de que la totalidad de sus monjes se hayan marchado como forma de boicotear la obligación de izar la bandera china en sus patios o las incesantes sesiones de “reeducación” (cursos en los que los monjes deben abandonar sus quehaceres para aprender por obligación propaganda comunista china y son forzados a denunciar al Dalai Lama; debemos recordar que todos los budistas, y mucho más los monjes, tienen un voto solemne de no mentir o fingir en ninguna circunstancia, con lo que el estrés que sufren puede llegar a ser insoportable).

 

Alarmados por el cierre de monasterios y la ausencia de monjes que lleven a cabo rituales budistas, los tibetanos de la región se han manifestado ante edificios del gobierno. En Layok incluso dejaron el cuerpo muerto de una persona fallecida recientemente, para denunciar que ni siquiera encuentran ningún monje que organice las ceremonias de luto.

 

En Markhung, los vecinos marcharon hacia la oficina gubernamental y exigieron a los “grupos de trabajo” que dejen volver a los monjes para que no cierren más monasterios. Tras estas protestas, los oficiales chinos han respondido emitiendo una orden según la cual los monjes tienen un mes de plazo para “reconocer sus errores” y volver a los monasterios. Si no lo hacen, se servirán de “otros métodos”.

 

Por si fuera poco, los oficiales locales han prohibido a los tibetanos dar cobijo a los monjes que hayan abandonado sus monasterios. Los religiosos son tratados como fugitivos en busca y captura, y China pide a los propios tibetanos que faciliten información que ayude a encontrarlos.

 

Según el mismo informe del TCHRD, entre trece y quince oficiales del gobierno de origen tibetano ya han sido despedidos por negarse a seguir las estrictas órdenes del gobierno, que establece un listado de 18 medidas que se aplican a todos los funcionarios tibetanos que no cumplan con su “deber patriótico” de “mantener la estabilidad” en Tíbet.

 

Fuente: TCHRD / ¡Libertad Para Tíbet! / Phayul

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