La ABC australiana consigue infiltrar sus cámaras en Ngaba

Un nuevo medio de comunicación internacional ha conseguido infiltrarse en Ngaba, la región tibetana que China controla de forma más estricta. Esta vez ha sido ABC, la cadena estatal australiana, quien ha hecho llegar a su reportero Stephen McDonell y que, con muchos problemas, ha conseguido realizar este reportaje de diez minutos.

En él puede comprobarse cómo una vez más, la única manera que ha tenido el australiano para entrar en Tíbet ha sido escondido en el vehículo particular de un tibetano. A su paso por una zona remota del Tibet más rural, un joven campesino explica cómo todo lo que hacen se fundamenta en una cultura, en unas tradiciones muy arraigadas, en unas creencias inspiradas por el budismo, y que su modo de vida corre serio peligro por culpa de la represión del régimen comunista chino.

A lo largo de todo el reportaje, incluso perdido en las llanuras más remotas, es imposible dejar de ser vigilado en todo momento por funcionarios chinos, que le espían, siguen y acosan una y otra vez para que salga del Tíbet.

Una vez en la capital de Ngaba nos muestra de primera mano la situación: Casi hay más militares, Policía Armada y puestos de control por las calles, que vecinos tibetanos.

Una joven -que aparece vestida de azul y asegura no tener miedo- habla con el periodista en público, denunciando todas las tropelías a que son sometidos por el mero hecho de ser tibetanos, y nos sorprende al asegurar que existen algunos lamas que hacen todo lo que el régimen les dicta a cambio de dinero, además de monjes falsos infiltrados entre sus propios compañeros. Durante los disturbios de 2008 se pudo confirmar que el ejército organizó a cientos de militares, tal vez miles, para disfrazarlos de monjes y así poder acusar a la comunidad tibetana de destrozar y saquear negocios chinos.

Finalmente, la joven de azul dice que todas las naciones del mundo deberían rezar para acabar con el régimen comunista chino, repitiendo una y otra vez que el Partido Comunista es algo terrible que está destrozando sus vidas.

El reportaje está salpicado de comentarios del Sikyong Lobsang Sangay, quien explica que muchos tibetanos recurren a la inmolación como forma última de protesta tras haber comprobado cómo todas las demás formas de protesta no han servido de nada, y de comparecencias de políticos chinos acusando abiertamente al Dalai Lama de animar a los tibetanos a prenderse fuego incluso cuando el resto del planeta sabe que es una acusación completamente falsa.

Por fin, los mismos oficiales que le han estado acosando durante todo el viaje le escoltan hasta asegurarse de que se aleja del Tíbet. Desde hace meses, está prohibida la entrada de cualquier extranjero a la región.

Y una curiosidad que llama poderosamente la atención: Parece ser que los servicios oficiales chinos prefieren espiar y seguir al reportero en lugar de abordarle desde un primer momento. Por lo visto, China prefiere espiar a los extranjeros para saber con qué tibetanos se reúnen o colaboran para más adelante, una vez el periodista está lejos, con toda probabilidad tomar represalias contra los vecinos que le ayudaron a realizar el reportaje.

Aquí podéis verlo:

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