El padre de la inmolada Tamding Tso ruega unidad y oraciones

A la izquierda, Tamding Tso. A la derecha, su cuerpo carbonizado ante una imagen de Lobsang Sangay, el Dalai Lama y Samdong Rimpoché.

El padre de Tamding Tso, la mujer tibetana que falleció tras inmolarse la semana pasada, ha hecho un emotivo llamamiento solicitando a la gente a rezar por que su hija renazca en un Tíbet independiente en su próxima vida.

“Os pido a todos que recéis por que mi hija renazca en un Tíbet independiente, y oiga y vea a Su Santidad el Dalai Lama en su próxima vida”, dijo Tamding Kyab en una conversación con un grupo de vecinos que se acercaron a darle el pésame. Un gran número de tibetanos acudieron a presentar sus respetos a Tamding Tso y mostrar su solidaridad.

Kyab dijo que su hija “siempre estuvo preocupada por la situación del Tíbet” y explicó que su protesta “era por la causa tibetana, y no por motivos familiares”. Lo que la hizo decidirse a inmolarse, explica, es cuando ambos fueron a la cercana ciudad de Dowa hace un mes “y vimos carteles del gobierno chino insistiendo en que las imágenes del Dalai Lama están prohibidas y pidiendo a los tibetanos a denunciar públicamente las actividades de fuerzas separatistas”.

Kyab explicó también que su hija estaba “visiblemente enfadada” y muy entristecida por ver aquellos carteles, y recuerda que le dijo: “Padre, este es el triste destino del pueblo tibetano. Ni siquiera podemos tener ni rezar ante una foto de nuestro líder espiritual, Su Santidad el Dalai Lama”.

Según una transcripción que ha llegado a manos de la Administración Central Tibetana en el exilio, “el gobierno impone la prohibición total de poseer imágenes de Su Santidad el Dalai Lama” y llama a “mantener la unidad de la Patria y luchar contra las actividades separatistas del grupo del Dalai”.

El 7 de noviembre a las 17:30, Tamding Tso, de 23 años de edad y con un hijo de siete, se prendía fuego mientras gritaba: “¡Su Santidad el Dalai Lama debe volver al Tíbet!”.

Antes de salir de casa aquel día, explica su padre, Tamding Tso limpió la casa, ofreció oraciones ante un retrato del Dalai Lama y sacó combustible de su moto. “Cuando me enteré de la inmolación de mi hija, me sentí como si me arrancaran el corazón del pecho. Era mi hija favorita y más querida. Jamás le puse un dedo encima desde que nació”.

Sin embargo, el entristecido padre dijo que la decisión de su hija era por la causa tibetana y por el deseo de ver el regreso de Sus Santidades el Dalai Lama y el Panchen Lama a sus tronos.

“Así pues, no puedo más que respetar su decisión y su sacrificio”, añade Kyab. “Por lo tanto, os pido a todos que os mantengáis unidos y trabajéis juntos para hacer realidad sus objetivos y sus aspiraciones”.

Tras ella, ocho tibetanos más se sacrificaron del mismo modo, hasta un total, a día de hoy, de 72 mártires.

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