Archive | diciembre 2012

China confisca los televisores y receptores satélite de trescientos monasterios tibetanos

Un monje observa un gran número de antenas satélite destrozadas por las autoridades chinas.

Las autoridades chinas han confiscado todos los televisores de trescientos monasterios en Tíbet y han desmontado los equipos satélite por considerar que emiten “programas anti-chinos”.

A través de una agencia de noticias del gobierno, el régimen ha anunciado que su plan de acabar con las auto-inmolaciones incluye “guiar la opinión pública sobre el problema del Dalai”, multiplicando las patrullas de vigilancia y “bloqueando información dañina del exterior”, dice el artículo. “En este momento crítico para mantener la estabilidad social de la prefectura de Huangnan -que corresponde al extremo nororiental del Tíbet- debemos fortalecer las medidas y luchar plenamente en esta especial batalla contra las auto-inmolaciones”.

El artículo también acusa a los tibetanos de las áreas rurales de la prefectura de “ver y oír programas anti-chinos del extranjero” por medio de antenas satélite.

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Fallece Kugnoe Trisur Sonam Topgyal, ex-Kalon Tripa

El ex-Kalon Tripa, Sonam Topgyal, falleció ayer por la mañana en su residencia de Dharamsala tras una larga enfermedad. Tenía 77 años.

El actual Kalon Tripa (Sikyong) Lobsang Sangay y su gabinete visitó su domicilio para mostrar sus respetos.

Nacido en 1935 en Chamdo (Tíbet), Sonam Topgyal escapó al exilio en 1959 y comenzó su servicio en activo en la Administración Central Tibetana en 1971. Escalando posiciones y trabajando sobre todo en la Oficina de Información (actualmente Departamento de Información y Relaciones Internacionales), Sonam Topgyal sirvió dos veces en la administración.

En el 10º Kashag, entre 1993 y 1996, Sonam Topgyal fue ministro en los departamentos de Interior y de Sanidad, y más adelante como Presidente del Congreso. En la legislatura siguiente, entre junio de 1996 y agosto de 2001, Sonam Topgyal se convirtió en Kalon Tripa, Primer Ministro.

Ya antes de empezar a trabajar para el gobierno, Topgyal ayudó a fundar la revista tibetana Sheja en 1968, que todavía hoy continúa publicándose. Fue uno de los cuatro miembros fundadores del Tibetan Youth Congress, la mayor organización independentista tibetana, y también colaboró en la redacción de la constitución de dicho grupo.

En julio de 1993, como miembro del Departamento de Información y Relaciones Internacionales, viajó a China junto al ministro Gyalo Thondup para hacer llegar una carta y un memorandum en representación de Su Santidad el Dalai Lama. La delegación tibetana se entrevistó con Wang Caogo, Director de Trabajo del Frente Unido del Partido Comunista Chino.

Su cuerpo será incinerado el martes por la mañana, hora de Dharamsala. Deja esposa y tres hijas.

Un joven tibetano intenta inmolarse en la India

Un estudiante tibetano residente en el Sur de la India ha intentado prenderse fuego en solidaridad con la ola de inmolaciones que sufre el Tíbet y protestar contra la ocupación china.

El 24 de noviembre -se ha conocido ahora- Lungrig Dorjee, un estudiante de noveno curso en la Tibetan Children’s Village School, una conocida residencia para jóvenes exiliados de Bylakuppe fue visto cuando se disponía a encender una cerilla mientras tenía el cuerpo embadurnado de líquido inflamable.

“Lungrig faltó a la función que se celebra cuando el colegio cierra por las vacaciones de invierno”, ha explicado Lobsang Yeshi, miembro del Parlamento Tibetano y residente en Bylakuppe. “En lugar de acudir, se echó diesel por encima en un lugar cercano a las instalaciones del colegio. Algunas personas se alarmaron al verle y consiguieron detenerle cuando se disponía a prenderse fuego. Entonces se fue a otro sitio donde intentó de nuevo inmolarse, pero se lo impidieron unos vecinos y algunos profesores”.

Más tarde, Lungrig explicó que la represión en el Tíbet por parte de las autoridades chinas ha restringido más y más las libertades del pueblo tibetano y no hay forma de que la información salga al extranjero: “Como persona que vive en un país libre, pensaba que con mi propia inmolación podría hacer que el mundo prestase atención a la situación crítica que hay en Tíbet”, confesó.

Lungrig nació en Tíbet y escapó al exilio para poder estudiar. Sigue con gran interés la situación de su país y a menudo participó en actividades pro-tibetanas del colegio.

Una clase en la Tibetan Children’s Village School.

Ya a principios de noviembre, otro estudiante fue detenido cuando intentó inmolarse durante una manifestación en la capital de la India, Nueva Delhi. Tsultrim Dorjee, de la Universidad de Delhi, intentó prenderse fuego en una marcha que salía de Rajghat, el lugar en el que fue asesinado Gandhi. Otros tibetanos le vieron echándose gasolina sobre el cuerpo, interviniendo a tiempo para evitar que se prendiese fuego. Entonces fue detenido por la policía y liberado sin cargos cuando terminó la manifestación.

Hasta el momento se conocen 95 casos de tibetanos que se prenden fuego en Tíbet, entre ellos monjes y monjas, madres, estudiantes, artistas, granjeros, nómadas… pidiendo libertad para Tíbet y el regreso de Su Santidad el Dalai Lama. “Tanto la culpa como la solución de esta tragedia en Tíbet recaen enteramente en Pekín”, dijo a principios del mes pasado el Sikyong Lobsang Sangay. “Creemos firmemente que el fin de la represión acabará de forma efectiva con la espiral de inmolaciones”, dijo.

A los noventa y cinco casos conocidos en Tíbet hay que sumar las inmolaciones de Jamphel Yeshi, que falleció al quemarse durante una protesta en Nueva Delhi en marzo pasado, y la del Venerable Tonden, un monje de nacionalidad inglesa que según pudo confirmar la policía, se suicidó prendiéndose fuego en el monasterio de Nalanda, al sur de Francia, a mediados de noviembre. A pesar de que el monje no dejó ninguna nota explicando sus motivos y durante la investigación policial no se ha podido concretar qué le llevó a suicidarse, no son pocos quienes piensan que lo hizo por solidaridad con los mártires tibetanos.

Un reportero de ‘Le Monde’ consigue llegar a Labrang y entrevistar a tibetanos de la zona

Pequeño altar dedicado a Gonpo Tsering en el monasterio de Labrang

El padre y el abuelo del mártir inmolado Gonpo Tsering han sido detenidos por las autoridades chinas. Gonpo Tsering se prendió fuego a los 24 años de edad en la región de Ala, en Luchu, Tíbet oriental, el pasado 26 de noviembre. Era padre de tres niños y falleció en el acto por la gravedad de las quemaduras.

Ahora se ha sabido que su padre y su abuelo fueron detenidos diez días después, y desde entonces no se sabe nada de ellos. Es una de las novedades que han llegado al mundo exterior gracias a un reportero del diario francés Le Monde, su enviado especial en China, que ha conseguido llegar al mismísimo monasterio de Labrang sin ser interceptado por las autoridades. Toda un logro que también ha sido confirmado por la blogger y activista Woeser.

La inmolación sorprendió a la familia, según relata el enviado especial Brice Pedroletti: “Nadie lo sabía”, dice un pariente con el que se entrevista junto al altar que hay dedicado a Gonpo Tsering en un monasterio. “Hay mucha presión. Hay un montón de cosas que no podemos hacer aquí”, dice refiriéndose a la represión china.

 “No nos dijo nada. De haberlo sabido no le habría dejado hacerlo. No le dijo nada a nadie, ni a sus amigos ni a la familia”. Sin embargo, dejó una nota de despedida pidiendo la liberación del Panchen Lama y el regreso del Dalai Lama, y que fue confiscada por la policía.

Monjes de Amchok descargando material de construcción.

Próximamente la situación en la zona será mucho más difícil si cabe, ya que dentro de poco se construirá junto al monasterio de Labrang el nuevo aeropuerto de Xiahe – China Town. De momento, ya hay una gran autopista por la que llegan más y más autocares de turistas chinos a visitar el centro religioso, convirtiendo a los 450 monjes en simples monos de feria, interrumpiendo sus prácticas y entorpeciendo sus quehaceres cotidianos, como si no fuese suficiente con la constante presencia de policías, militares y representantes del Partido Comunista.

El reportaje de Le Monde también nos permite saber detalles que desconocíamos hasta ahora, como que en la aldea de Sangkok las calles están llenas de coches de vigilantes del gobierno: En cuanto detectan cualquier movimiento sospechoso por parte de algún tibetano, suena una alarma que resuena en todo el pueblo para que todos los funcionarios se pongan en máxima alerta.

A partir de las 10 de la noche hay toque de queda: “Si son chinos han, no hay problema. Pero los tibetanos, no. Están controlados”, dice un vecino, uno de los muchos que tienen algún familiar pasando varios meses de “reeducación patriótica” en Lhasa. Además, le han prohibido usar el teléfono y tiene prohibido salir de la región.

En otra localidad, un estudiante de veinte años habla al reportero de la prohibición del tibetano en los centros educativos: “Según la nueva directiva, ya no se puede aprender en tibetano en los principales centros. El año pasado ya intentaron imponerlo pero pudimos argumentar en contra. Y ahí están otra vez”.

No sólo no se puede estudiar en tibetano, sino que además se han cerrado muchas pequeñas escuelas -en las que era más fácil preservar el idioma: “En las aldeas ya no hay colegios. Se acabó, no hay tantas escuelas de primaria como debería haber. Tienen que ir a las capitales, así se aseguran de que estudian en chino. Si un maestro tibetano habla en zonas rurales les es más complicado llevárselo detenido. Es verdad, tenemos universidad e infraestructuras, pero hay que pagar un precio”.

Aun así, incluso en las pequeñas aldeas y en los bosques de la sierra de Amdo, cualquier tibetano puede ser espiado, perseguido o detenido en cualquier momento. Cuando dos personas hablan en algún restaurante, uno de ellos le lleva un dedo a los labios del otro, haciéndole callar: Es la señal de que la persona que acaba de entrar en el local es un informante del gobierno, y se ha convertido en rutina recibir SMS del gobierno en los que se ofrecen recompensas considerables por denunciar a otros ciudadanos. Tan considerables, que algunas de ellas suponen el sueldo de varios años para un tibetano.

 “Ya no nos podemos fiar de cualquiera que no conozcamos”, dice otro joven, recordando el caso de una pareja que intentó impedir que la policía se acercase a un inmolado en el monasterio de Labrang. Poco después, fueron denunciados por un anónimo. Lo peor, dice el entrevistado, no es cuando la policía lanza gases lacrimógenos o usa cañones de agua, sino cuando se infiltran vestidos de paisano: “No sabemos dónde están; para la familia o los amigos de los inmolados es imposible dar un paso”. El día anterior a la entrevista, una chica de 21 años desapareció sin dejar rastro porque fue grabada por una cámara de vigilancia durante una inmolación. El joven asegura que la chica simplemente pasaba por allí.

 Otro tibetano, con buen nivel de chino y empleado en una empresa local, dice que hasta hace un tiempo la gente corriente de la calle no se daba cuenta de hasta qué punto estaba oprimida: “Después de los monjes, le tocó el turno a la gente corriente. Creo que antes no se daban cuenta, no entendían que no tenían ninguna libertad, pero ahora sí son conscientes, y actúan en consecuencia”. Ahora, cualquier tibetano entiende que las inmolaciones se llevan a cabo “por la libertad individual, la libertad de las personas y la libertad de toda la comunidad. Por eso creo que su gesto tiene valor. No es cosa de pequeños problemas personales: Se suicidan en nombre de toda la comunidad”.

La madre de uno de los tibetanos, durante su encuentro con el reportero.

 Una solidaridad que se palpa en el ambiente, a pesar de los muchos infiltrados y chivatos que hay incluso entre la población tibetana. El colectivo intelectual es uno de los más activos y por tanto, perseguidos, incluyendo los líderes comunitarios: Personalidades que sin necesidad de ostentar un cargo público, son considerados ejemplos a seguir y benefactores para los vecinos, especialmente en las zonas rurales.

 De hecho, incluso algunos de los tibetanos que trabajan para la administración pública se ofrecen a ayudar de forma solidaria, como explica un entrevistado: “Todas las semanas hay alguien que ayuda, a veces durante varios días”, dice refiriéndose a funcionarios públicos de etnia tibetana, en relación a uno de los inmolados, que falleció dejando una familia muy pobre. Sus padres son ahora quienes cuidan de los dos nietos, ambos muy pequeños, con la ayuda de su hija -hermana del mártir- que se ha unido a ellos, que son nómadas. Refiriéndose al funeral, la madre explica que “vinieron muchos, muchos monjes. Fuera, dentro… No había ni donde sentarse”, a pesar de que viven en una cabaña con papel de periódico en las paredes para evitar que entre el frío.

 En el cortejo fúnebre, el cuerpo fue acompañado hacia el crematorio por una caravana de trescientos vehículos, hasta que la policía les dió el alto. Después de que algunos ancianos hablasen con los funcionarios, el funeral siguió adelante con la condición de que no hubiese ningún incidente. Al parecer estas breves negociaciones informales son habituales en las comunidades en las que hay tibetanos en el gobierno local. De hecho, el reportaje desvela toda una sorpresa. Según un entrevistado, a pesar de las nuevas prohibiciones del gobierno, “sabemos que los funcionarios hacen donativos en secreto a las familias de los muertos. Piden que les envíen dinero desde la India, desde el extranjero” y lo que es todavía más sorprendente: “Incluso lo hacen los chinos han. No se trata de estar enfrentados con los han. Hay buenos y malos… igual que los tibetanos”.

 Un caso destacable es el de un importante funcionario chino que envió 10.000 yuanes (casi 1.200 euros, una pequeña fortuna) a la familia de un tibetano inmolado en Bora, cerca de Labrang. No sólo eso, sino que añadió un mensaje que decía: “Os doy este dinero. Estáis luchando juntos por vuestra tierra, por la libertad de vuestro pueblo. Es algo magnífico”.

 A pesar de la solidaridad, su madre no conserva ninguna foto de su hijo. El suicidio la traumatizó: “Días antes se hizo cargo de sus hijos como nunca lo había hecho. Ya no salía, dejó de trabajar… Nunca le había visto mostrarles demasiado afecto, así que nos pareció un poco raro”. Sin embargo, a pesar del shock, su madre decidió repartir los donativos al monasterio y a escuelas, aún más pobres que ellos: “Él se quitó la vida por los demás”.

Por eso siente que repartir la ayuda es una buena forma de seguir luchando como lo hizo su hijo y el resto de mártires: Pensando siempre en el conjunto del pueblo tibetano antes que en intereses personales.

Un ex-preso relata las terribles torturas y maltratos a los tibetanos en las cárceles chinas

El Venerable Palden Gyatso pasó más de 30 años en cárceles chinas. Una vez en libertad, explicó con detalle a las torturas a las que era sometido. En la foto, posando junto a algunos de los objetos que se usan habitualmente en las cárceles de Tíbet.

Los presos políticos tibetanos retenidos en una cárcel a las afueras de Lhasa están siendo sometidos de forma rutinaria y torturas y otros abusos, a menudo causándoles daños de los que no se recuperan jamás.

Los maltratos son rutina en la prisión de Chushur, a 48 kilómetros al suroeste de la capital tibetana. “Nos torturaban todos los días en la prisión”, ha dicho un prisionero, ya en libertad. “A veces nos colgaban del techo, con las manos y los tobillos atados juntos. Nunca nos daban de comer con regularidad, pero cuando lo hacían, mezclaban arena con el tsampa -la harina de cebada que representa el alimento más básico en la cultura tibetana- lo que nos daba sed, y muchos de nosotros éramos obligados a bebernos nuestra propia orina. Muchos de nosotros éramos encadenados y torturados en los lavabos”, añade.

Casi la totalidad de presos tibetanos confinados en Chushur tienen problemas serios de visión y otras lesiones graves debido a las torturas y las palizas, asegura el ex-presidiario, que fue puesto en libertad hace poco después de que fuese detenido en 2009 por participar en manifestaciones de protesta.

“Mi propio estado de salud no es bueno”, dice. “Tengo las manos dañadas, y los dos ojos los tengo muy mal por pasar tanto tiempo en Chushur y las largas torturas por las que tuve que pasar”. Los funcionarios chinos preguntan una y otra vez en interrogatorios sobre personas que según ellos creen serían contactos en el extranjero: “Quieren saber quién nos animó a protestar contra el gobierno chino. Nos decían que el Dalai Lama no nos ayudaría cuando le necesitásemos, y que sólo nos podría ayudar el Partido Comunista Chino.

Al preguntarles por qué habían protestado, los presos siempre respondían que no tienen libertad de practicar su religión o expresar abiertamente lo que ven y lo que piensan, explica.

Tan sólo el 10 de marzo de 2008, el día en que comenzó la mayor oleada de represión china contra el Tíbet desde la invasión de 1959, fueron detenidos 597 personas.

Un medio extranjero más vuelve a infiltrarse en Tíbet

Aunque no ha sido un reportaje tan en profundidad como otros que hemos conocido en los últimos meses y se sirve de algunas imágenes de inmolaciones que ya se conocían, la prensa internacional ha vuelto a demostrar que sí se puede burlar la vigilancia china y entrar en Tíbet.

El breve reportaje, de mano de Catherine Mercier, del canal canadiense de noticias CBC, muestra a peregrinos y aldeanos que aseguran que seguirán luchando, aunque muchos prefieren no ser entrevistados por miedo a represalias. Como confirma Mercier, incluso en lo más remoto de las llanuras puede haber funcionarios chinos espiando.

Desgraciadamente no podemos ofrecerlo aquí directamente. Podéis verlo junto a la noticia original aquí.

ÚLTIMA HORA: Cinco monjes tibetanos son detenidos por la policía china durante una celebración religiosa

Mientras unos seiscientos monjes participaban en la conmemoración del Parinirvana de Lama Tsongkhapa en el monasterio de Rebkong Rongwo y ofrecían oraciones por los héroes que han dado su vida por el Tíbet, las autoridades chinas han irrumpido en el servicio religioso, arrestando a cinco lamas muy venerados, entre ellos la hermana mayor de Jetsun Sangye Dolma, la monja que se inmoló el 25 de noviembre tras escribir un poema de alabanza al Tíbet.