Un ex-preso relata las terribles torturas y maltratos a los tibetanos en las cárceles chinas

El Venerable Palden Gyatso pasó más de 30 años en cárceles chinas. Una vez en libertad, explicó con detalle a las torturas a las que era sometido. En la foto, posando junto a algunos de los objetos que se usan habitualmente en las cárceles de Tíbet.

Los presos políticos tibetanos retenidos en una cárcel a las afueras de Lhasa están siendo sometidos de forma rutinaria y torturas y otros abusos, a menudo causándoles daños de los que no se recuperan jamás.

Los maltratos son rutina en la prisión de Chushur, a 48 kilómetros al suroeste de la capital tibetana. “Nos torturaban todos los días en la prisión”, ha dicho un prisionero, ya en libertad. “A veces nos colgaban del techo, con las manos y los tobillos atados juntos. Nunca nos daban de comer con regularidad, pero cuando lo hacían, mezclaban arena con el tsampa -la harina de cebada que representa el alimento más básico en la cultura tibetana- lo que nos daba sed, y muchos de nosotros éramos obligados a bebernos nuestra propia orina. Muchos de nosotros éramos encadenados y torturados en los lavabos”, añade.

Casi la totalidad de presos tibetanos confinados en Chushur tienen problemas serios de visión y otras lesiones graves debido a las torturas y las palizas, asegura el ex-presidiario, que fue puesto en libertad hace poco después de que fuese detenido en 2009 por participar en manifestaciones de protesta.

“Mi propio estado de salud no es bueno”, dice. “Tengo las manos dañadas, y los dos ojos los tengo muy mal por pasar tanto tiempo en Chushur y las largas torturas por las que tuve que pasar”. Los funcionarios chinos preguntan una y otra vez en interrogatorios sobre personas que según ellos creen serían contactos en el extranjero: “Quieren saber quién nos animó a protestar contra el gobierno chino. Nos decían que el Dalai Lama no nos ayudaría cuando le necesitásemos, y que sólo nos podría ayudar el Partido Comunista Chino.

Al preguntarles por qué habían protestado, los presos siempre respondían que no tienen libertad de practicar su religión o expresar abiertamente lo que ven y lo que piensan, explica.

Tan sólo el 10 de marzo de 2008, el día en que comenzó la mayor oleada de represión china contra el Tíbet desde la invasión de 1959, fueron detenidos 597 personas.

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