Theurang: “Nos tratan como animales”

Tashi Rabten (de seudónimo Theurang, en la foto) es poeta y editor literario y está cumpliendo una condena de cuatro años en la prisión china de Mianyang. Se graduó en la Universidad de las Nacionalidades del Noroeste y publicó el periódico tibetano Shar Dungri, ahora prohibido por las autoridades.

En 2008 publicó “Escrito en Sangre”, una recopilación de poemas, notas y textos breves después de las importantes protestas que se produjeron aquel año. En esta obra, Tashi condena el poco respeto a la cultura tibetana por parte de los turistas chinos y la comercialización de la cultura tibetana. Cada vez llegan más turistas chinos al Tíbet, algo que no ayuda en absoluto a preservar su modo de vida y el frágil ecosistema de la meseta.

A continuación, un fragmento de “Escrito en Sangre”, en el que Tashi describe el día a día de ser tibetano en Tíbet:

“Durante el verano, mi tierra se llena de encambres de turistas chinos. Esto significa que a los ancianos tibetanos les cuesta mucho circunvalar alrededor de los monasterios. Cubriéndose la cabeza con su hábito, los monjes y monjas miran a los turistas sin creer lo que ven. Cuando veo estas imágenes, cuando pienso en ellos, sufro un intenso dolor y desesperación. Me hierven el enfado y el resentimiento en el corazón. Hoy, bajo las sonoras botas de los extranjeros, mi tierra es víctima de la degeneración y la decadencia.

“Como enjambres de hormigas desatadas saliendo de sus hormigueros, el número creciente de turistas se preparan para establecerse permanentemente en nuestras tierras. Lo que me hace reír y llorar al mismo tiempo es ser testigo de las caras sonrientes de las masas tibetanas atraídas por el dinero. Incluso los líderes de las aldeas nómadas han firmado contratos para vender sus tierras. En los próximos dos o tres años, estos visitores que se hacen llamar turistas vivirán de forma permanente en nuestras tierras.

Cuando llegan los vehículos de turistas, los rosados rostros de las mujeres y las chatas narices de los niños se ponen en acción con sus caballos. Aguantando el aliento y con la desesperación en sus ojos, llevan a los chinos en sus caballos y suben a las montañas. Con billetes de cincuenta yuans en las manos y la sonrisa pintada en la cara, matan el tiempo esperando que lleguen más turistas. Cuando los veo, me pregunto cómo una raza que en sus tiempos conquistó dos tercios del territorio del mundo conocido se ha convertido en un montón de esclavos sin alma, sirvientes de otro pueblo. Mis queridos hombres de campo, si no podemos pintar de oro los huesos de nuestros ancestros, lo menos que podríamos hacer es no arrojar sus canas al viento.

“Los turistas que llegan desde las áreas cercanas llevan en la mano cámaras de distintos tamaños. Grupos de monjes, ancianos y cuidadores de caballos miran sin más a los turistas cuando éstos hacen fotos de los pueblos nómadas y los ríos. Uno de los turistas dirigió su cámara a los ojos extrañados de los tibetanos, haciendo sus fotos. Cuando lo ví, me pregunté: Cuando ese turista vuelva a su casa, ¿dónde pondrá en venta para publicidad esa foto, y qué frase pondrá a su lado? Pensar en ello me hace sentir un gran dolor, y desespero.

“¿Por qué estos turistas enfocan las caras de los ancianos tibetanos y hacen fotos? ¿No tienen sentido de la ética y de la moralidad? Si nos diésemos la vuelta y nosotros hiciésemos fotos de sus caras, ¿no correrían a decir que estamos violando sus derechos? El hecho de que sigan haciendo fotos a nuestro pueblo, nuestras montañas y nuestros pueblos, a pesar de que saben que es poco ético, inmoral e ilegal, muestra claramente de qué clase de estatus disfrutamos. Nos tratan como animales, que no pueden hablar. Nos tratan como a empleados sobre los que puedan influir en una y otra dirección, allá donde esté el dinero. Nos tratan como una raza de bárbaros ignorantes. Mi queridos paisanos, como reza el dicho, si los hijos no heredan el legado de sus ancestros, si el hilo no pasa por la aguja, otros se nos subirán encima.

“¿Qué pasaría si al visitar una ciudad china, apuntas aleatoriamente con tu cámara a la cara de un chino y le haces unan foto? ¿Qué consecuencias habría si haces fotos sin más a sus casas, sus pertenencias y otros objetos preciosos de una ciudad? ¿Cómo te persiguiría el látigo de las leyes si pisoteas los derechos y libertades de la gente residente en una ciudad? ¿Por qué los estándades judiciales y éticos de las ciudades no se aplican de forma igualitaria a nuestras tierras de pasto nómadas? ¿Por qué estos turistas que llegan en coches con sus cámaras y quienes montan a caballo no pueden disfrutar del mismo estatus, si los derechos humanos tienen repercusión universal? Al igual que en las ciudades, ¡¿por qué nosotros no podemos poner señales en nuestros pastos nómadas donde ponga “Estrictamente prohibido hacer fotos, mear y escupir”?!

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