El líder ecologista tibetano Tsewang Kyab fallece a causa de las torturas

Uno de los líderes de las protestas vecinales tibetanas, Tsewang Kyab (a la derecha de la imagen, intentando dialogar con unos policías), ha fallecido apenas un año después de ser arrestado tras las protestas contra una mina de oro en Amchok, en el condado de Sangchu, Tíbet oriental.

Con apenas cincuenta años, Tsewang Kyab ha fallecido tras una larga enfermedad que adquirió a causa de la brutalidad policial. Fue detenido en junio de 2016 y sufrió daños en varios órganos internos por las palizas y las torturas a las que fue sometido. Los lugareños están convencidos de que estos abusos han sido la causa de su fallecimiento el pasado 25 de abril.

Tras dieciséis años de descontento, durante mayo y junio del año pasado cientos de tibetanos organizaron protestas contra una gran mina de oro en una montaña llamada Nyenchen Gong-Ngon La Ri. Los vecinos consideran que es una montaña sagrada que lleva siglos sirviéndoles como protector espiritual. Tsewang Kyab estaba entre los organizadores que fueron detenidos por la policía china.

 

Durante su arresto, Tsewang fue sometido a interrogatorios, palizas y torturas. Sin embargo, finalmente fue puesto en libertad junto con algunos otros protestantes. Pero para entonces, cuando volvió a su casa su salud se había resentido y desde entonces siguió enfermo. Su familia le llevó a varios hospitales distintos, pero finalmente falleció en su casa.

 

Tsewang Kyab era natural de Angon (Amchok, Gansu). Era un ecologista convencido, con un gran sentido de comunidad. En las protestas de Gong-Ngan La Ri, habló enérgicamente sobre qué significa esa montaña para sus paisanos:

“Esta montaña sagrada ha acompañado a muchas generaciones. ¿Qué os parece que una montaña santa y tan preciosa acabe destrozada en pedazos, sólo por dinero? Es algo que nos duele y nos causa un profundo dolor. No estamos pidiendo otra cosa más que salvar esta montaña sagrada”.

 

Durante las protestas habló con las autoridades chinas y les rogó paralizar la actividad minera, explicándoles que para los tibetanos de la zona, Xi Jinping puede ser un buen presidente a la hora de hablar contra la corrupción y las conspiraciones, pero insistió en que la tierra es algo sagrado para su gente y que no deberían tener permitido apropiársela:

“Decís (los funcionarios chinos) que estas tierras pertenecen a la nación y eso es algo que no ponemos en duda, pero es que nosotros somos de aquí y tenemos todo el derecho y el deseo de pertenecer a estas tierras, protegerlas y salvarlas. Estos terrenos sobre los que estamos ahora, son sagrados, nos protegen, son algo preciado para nosotros, nos aportan esperanza y felicidad, y vosotros la estáis destrozando pedazo a pedazo para que unos pocos indivíduos saquen un beneficio económico. Nos duele físicamente ver cómo está pasando esto porque sabemos que ya no volveremos a recuperarlo una vez sea destruido. No podemos aceptar algo semejante”.

La explotación minera china, controlada por el gobierno, se ha multiplicado en Tíbet en los últimos años. El medio ambiente tibetano está siendo dañado de diversas formas y los propios tibetanos no se benefician en lo más mínimo de esta explotación, ya que la totalidad de las ganancias económicas quedan en manos chinas.

Fuente: ONG Free Tibet

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