Archive | octubre 2011

La Casa del Tíbet denuncia el silencio mediático sobre las inmolaciones

La Casa del Tíbet de Barcelona ha anunciado una serie de actos de protesta, entre ellos una huelga de hambre, para pedir respeto a los derechos fundamentales de los tibetanos y el regreso del Dalai Lama a la región, causa por la cual se han inmolado diez jóvenes en los últimos siete meses.

La Casa del Tíbet denuncia el silencio de la comunidad internacional y de la prensa y lo relaciona con “la férrea censura de China”. Por ello, la casa, junto a la comunidad tibetana de Barcelona, preparan una serie de actos para la próxima semana para pedir a los gobernantes españoles que tomen cartas en el asunto y pidan a China que cambie su política represiva en el Tíbet.

Desde marzo de este año, diez jóvenes tibetanos, la mayoría de ellos monjes del monasterio de Kirti, en la región de Ngaba (Aba en chino), se han inmolado. La última víctima, Dawa Tsering, un monje tibetano de 38 años de edad, se inmoló el pasado lunes alrededor de las 9:30h de la mañana, tras los muros del Monasterio de Kardze, en el Tíbet oriental.

Antes de él lo hizo Tenzin Wangmo, una monja de apenas 20 años que murió tras inmolarse en Ngaba. Otros jóvenes, Lobsang Phuntsok (20), Tsewang Norbu (29), Khaying (18) y Choephel (19), también han sucumbido a sus heridas, mientras que no hay información sobre la salud y el paradero de Lobsang Kelsang ( 18), Lobsang Kunchok (19), Kelsang Wangchuk (17), y Norbu Damdul (19) tras las inmolaciones, según informa la casa del Tíbet.

Todos, según información de personas cercanas a ellos y divulgada por la organización “Free Tibet”, momentos antes de inmolarse pedían respeto a la libertad religiosa de los tibetanos y el regreso del Dalai Lama al Tíbet.

Actos de protesta en Barcelona

El monje tibetano y director de la Fundació Casa del Tibet de Barcelona, Thubten Wangchen, con el apoyo de la Comunidad Tibetana de España, llevará a cabo una huelga de hambre de 48horas en la Plaza Universidad de Barcelona, desde las 11h de la mañana del próximo lunes hasta las 11h de la mañana del día 2 de noviembre.

Tras la huelga de hambre, el miércoles, a las 19:30h, se iniciará una marcha silenciosa y con velas desde la sede de la Fundació Casa del Tibet hasta la Plaza Sant Jaume. Esa misma acción se celebrará en las principales ciudades del mundo bajo el lema de “Día Global de Acción”. De momento ya están confirmadas manifestaciones en 70 ciudades, según informa la web “Standup for Tibet”.

Y paralelamente a la cumbre del G20 en Cannes, a la que asistirá el presidente de China Hu Jintao, se ha convocado una manifestación en las calles de esta ciudad francesa para los días 3 y 4 de noviembre

Aunque la reunión del G20 será en el Palacio de Festivales de Cannes, según informan diferentes medios allí no se permitirá hacer protestas durante los días de la cumbre del G20, con lo que las manifestaciones seguramente se trasladarán a Niza.

La Fundació Casa del Tibet está hablando también con los líderes políticos de Cataluña y del resto de España para solicitarles que tomen cartas en el asunto e insten a China a que respete los derechos fundamentales de los tibetanos en el Tíbet y protejan su identidad, su cultura y su religión.

El director de la fundación, Thubten Wangchen, afirma que no pide al gobierno español que deje de negociar con China, pero sí que no olvide el valor de la solidaridad hacia un pueblo que no tiene voz. Y añade: “No estamos pidiendo ayuda para una familia que pasa por apuros. Se está perdiendo una cultura. ¡Está desapareciendo una nación!”.

Fuente: Fundació Casa del Tibet / Catalunya Press

Ya son diez los monjes autoinmolados para llamar la atención internacional sobre Tíbet

Fundació Casa del Tibet informó este jueves de que un nuevo monje se ha inmolado para reclamar el respeto a la libertad religiosa y la vuelta del Dalai Lama al país, lo que eleva a 10 la cifra de tibetanos sacrificados por esta causa desde el pasado mes de marzo.

“Ante la injusticia y el silencio, quizás no quede acción más desesperada que hacer arder el propio cuerpo a lo bonzo”, subrayó la fundación, que criticó la férrea censura que el Gobierno chino impone a los informadores.

La última víctima es Dawa Tsering, de 38 años, quien se autoinmoló el lunes tras los muros del Monasterio de Kardze.

Sin embargo, según la fundación, la mayoría de los sacrificados desde marzo habitaban en el monasterio de Kirti, en la región de Ngaba, donde han muerto cinco hombres y mujeres entre 19 y 29 años de edad.

Según la organización “Free Tibet”, todos ellos pedían respeto a la libertad religiosa de los tibetanos y el regreso del Dalai Lama momentos antes de inmolarse.

Fundació Casa del Tibet lamentó “el silencio de la comunidad internacional y de la prensa”, ya que China impide el acceso a los lugares donde ocurren estos sucesos”, aunque periodistas de AFP consiguieron llegar la semana pasada ante el Monasterio de Kirti.

De acuerdo con estas fuentes, la situación en la zona es de “estado de sitio”, con policías antidisturbios equipados con metralletas montando guardia.

El exilio tibetano y distintas organizaciones simpatizantes con su causa iniciarán por ello acciones de sensibilización y protesta la próxima semana, que en España tendrán su epicentro en la ciudad de Barcelona.

Entrevista con Ama Adhe: De 27 años en prisión, a amiga del Dalai Lama

El Mundo — Ama Adhe, de 81 años, tibetana, estuvo encarcelada desde 1958 a 1985 por el régimen chino. Su vida es un reflejo de las tribulaciones del pueblo tibetano en su lucha por la libertad. Siendo joven fue testigo de la invasión del Tíbet y participó en las primeras protestas, pagando un precio muy alto: 27 años de su vida entre rejas, en condiciones carcelarias extremas, padeciendo hambre y torturas. Y, sin embargo, asegura que el pueblo chino no ha sido ni es su enemigo.

 

Ataviada al estilo tradicional tibetano y con un rosario de cuentas en la mano, Ama Adhe nos recibe cálidamente en su pequeña y humilde habitación en el centro para refugiados tibetanos en Dharamsala, en el norte de la India, donde ha vivido los últimos 23 años. Nacida en 1932, forma parte de la última generación que creció antes de la ocupación china.

 

¿Cómo era el Tíbet de su niñez y de su primera juventud?


Cuando yo era niña, el Tíbet era una nación libre. Soy de una región llamada Kham en el noreste. La nuestra era una familia humilde y feliz de nómadas. En verano, solíamos llevar el ganado a las tierras altas y jugábamos en los prados cubiertos de flores. En el Tíbet libre podíamos practicar nuestra religión y celebrar nuestras fiestas. El lugar de encuentro para todos era el monasterio. Había muchos monasterios budistas. Durante el Losar (la fiesta del año nuevo tibetano), todo el mundo iba a los templos donde cantábamos, bailábamos y hacíamos obras de teatro. Todos lucíamos vestidos tradicionales y joyas. Si querías peregrinar a Lhasa, no había restricciones. La mía era una familia budista muy religiosa. Y me siento afortunada por ello.

 

Usted fue testigo de la invasión china, en 1949, de los acontecimientos que desembocaron en la revuelta armada de los rebeldes tibetanos contra el ejército chino, y de la posterior huída del Dalai Lama a la India en 1959. ¿Puede contarnos lo que vio y lo que vivió en el Tíbet durante esos años?


Yo participé en las primeras protestas cuando llegaron los chinos. Miles de tibetanos salieron a las calles para impedir que el ejército chino llegase a Lhasa. Durante la invasión, vi cómo los tibetanos morían como animales en Amdo (cerca de la frontera de Kham). Los chinos nos bombardeaban desde sus aviones. Había cuerpos sin vida y sangre por todo Amdo. Habían salido a la calle para protestar contra la invasión e impedir que las tropas chinas llegasen a Lhasa donde se encontraba Su Santidad. Querían protegerlo.

 

Uno de los muertos fue su esposo.

 

Los chinos veían en mi esposo a un agitador y decidieron acabar con su vida. Era 1958 y yo tenía 26 años y ya teníamos un hijo varón y estaba embarazada de cuatro meses de mi hija. Él era muy valiente y los chinos no pudieron matarlo con un arma, así que lo envenenaron. Un día murió de repente, tenía los dientes y las uñas negros. Apenas había muerto mi esposo fueron a por su hermana, que fue humillada y ejecutada con dos disparos en la cabeza en una plaza pública, como escarmiento.Pocos meses después fui arrestada junto a otras 300 mujeres que participábamos en las protestas contra los chinos.

 

Usted pasó 27 años como prisionera política ¿Cómo consiguió sobrevivir?


Ciertamente, fui arrestada a finales de los cincuenta, que fueron los peores tiempos. Los chinos azotaban a los monjes de alto rango y suprimieron las actividades religiosas. De las 300 mujeres arrestadas, solo cuatro sobrevivieron. Todas las demás murieron en prisión. Yo estuve en ocho cárceles distintas en el Tibet y en China. Los tiempos más difíciles fueron los tres primeros años en la prisión de Inganse. No nos daban comida,sólo restos de maíz en agua. Mucha gente murió de hambre. Nos comíamos las suelas de nuestros zapatos. Las cuatro que sobrevivimos fue gracias a que estábamos encargadas de dar la comida a los cerdos. Nos comíamos los restos de vegetales y de granos que eran para estos animales. Rezo para que nadie nunca pase por lo que yo y mis compañeras de presidio pasamos. Los 27 años de prisión fueron peores que el infierno. Cuando salí, estaba medio loca, sufría depresión aguda. De repente lloraba e inmediatamente después reía. El más mínimo sonido me asustaba. Mi cuerpo era como el de un esqueleto. Las bolsas de mis ojos estaban hundidas. Fui a un doctor de medicina tradicional tibetana para que me tratase la depresión. Yo siempre reía, pero era por la misma depresión. Era incapaz de sentir mi propio dolor. El doctor lloró cuando vio en qué estado me encontraba.

 

¿Y sus hijos?


Mi hijo falleció mientras yo estaba en la cárcel. No sé cómo, pero supe que murió ahogado. Cuando salí, me encontré con mi hija. No podía reconocerla. Nos tuvieron que presentar. Ella me llamaba mamá, pero yo me sentía más cerca de mis compañeras de cautiverio que de ella.

 

¿Cómo era el Tíbet que se encontró al salir de la cárcel?


Cuando salí de la prisión, en 1985, todo había cambiado. Apenas había monasterios. El color dorado de las cúpulas de los monasterios era ahora negro. Recuerdo, en especial, un gran monasterio –el de Kharnang– que fue destruido. El monje superior –Kharnang Rimpoche– había estado en la misma prisión. No sabemos cómo murió, pero sospechamos que de hambre. Los árboles donde vivían han sido talados. Sus troncos eran tan grandes que necesitabas los brazos de dos personas para rodearlos. Estos árboles los envían en camiones o río abajo para ser vendidos en China. Había más chinos viviendo en el Tibet y muchos tibetanos se fueron a áreas más remotas.

 

Y llega el exilio.

 

Dos años después, en 1987, huí a Nepal y en 1988, llegué a Dharamsala, en la India. En estos 23 años de exilio he estado viviendo aquí en la misma habitación. Aquí soy feliz. El budismo es lo más importante para mi y me siento feliz de estar en la tierra donde nació. Me siento libre. Puedo hacer lo que quiera y nadie me lo impide. Desde que comencé mi exilio, he viajado a muchos países. En 1989, estuve en Alemania para participar en una audiencia sobre el Tíbet y derechos humanos en el parlamento en Bonn. Sin embargo, los funcionarios chinos se defendieron diciendo que yo había sufrido bajo el régimen de Mao y no bajo el de Deng Xiaoping y que no se les podía responsabilizar.

 

Tras pasar tantos años de su vida en las cárceles del régimen chino, ¿qué sentimiento tiene hacia los chinos? ¿Ha encontrado simpatías y comprensión entre ellos?

 

Los chinos de todo el mundo han sido muy receptivos. Cuando los estudiantes chinos fueron asesinados en la plaza de Tiananmen, di una charla en la Universidad de Harvard. Tras hablar, un estudiante chino me preguntó cómo veía a los estudiantes chinos. Le dije que no tengo nada en contra de los estudiantes ni del pueblo chino. Cuando estuve en la cárcel, todos los internos, tibetanos y chinos, solíamos decir que nuestro oponente era el mismo: el régimen. Estábamos contra los Guardias Rojos. Los estudiantes vinieron y me dieron un abrazo.

 

Usted es una persona muy cercana al Dalai Lama ¿Qué le dijo Su Santidad cuando le conoció?


Cuando conocí a Su Santidad, él me dijo que no tenía que mentir ni enfadarme con los chinos. Solo –me dijo– tienes que decir la verdad y la verdad por sí misma será nuestro apoyo.

 

Un deseo para el futuro


Antes de morir, quiero ver a Su Santidad sentado en el Palacio del Potala, en Lhasa, en un Tíbet libre.

 

Su Santidad el Dalai Lama cancela definitivamente su visita a Sudáfrica

El Dalai Lama y el también Premio Nobel de la Paz, el sudafricano Desmond Tutu, en un acto celebrado en Bruselas en 2006.

CNN — El Dalai Lama ha cancelado su visita prevista a Sudáfrica esta semana después de que el país no le haya concedido el visado, ha expresado su portavoz.

“Su Santidad ha decidido cancelar su próxima visita a Sudáfrica”, ha dicho Tempa Tsering, “y siente los inconvenientes causados a sus anfitriones y al gran número de público sudafricano que ha estado esperando pacientemente a recibirle y escuchar su mensaje”.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Sudáfrica, por su parte, dice que ellos no le han negado el visado al Dalai Lama: “Sudáfrica no va a hacer comentarios sobre esta decisión porque no ha sido decisión nuestra, sino suya”, ha dicho el portavoz Clayson Monyela, quien ha explicado que la concesión del visado todavía se estaba considerando.

El Dalai Lama había sido invitado al país para recibir el Premio Internacional Mahatma Gandhi por la Paz y la Reconciliación, y para hablar en una serie de eventos, incluido un discurso en honor del arzobispo Desmond Tutu con motivo de su 80º cumpleaños.

En 2009, Sudáfrica se negó a facilitarle al Dalai Lama un visado para asistir a una conferencia sobre paz internacional, diciendo abiertamente que al país no le interesaba su visita, aunque Monyela aseguró que esto no tenía nada que ver con China: “Somos una nación soberana que toma decisiones según nuestros intereses internos”, dijo, añadiendo que si el Dalai Lama acudía a la conferencia, quitaría protagonismo al Mundial de fútbol, que se celebraría el año siguiente.

Sin embargo, no son pocas las autoridades sudafricanas que han reconocido abiertamente -tanto en 2009 como ahora- que Sudáfrica se ha beneficiado mucho de sus relaciones comerciales con China.

 

De la desesperación a la esperanza: La historia de Kusho Nyingma

El fotógrafo tibetano Lobsang Sang Topgyal es uno de los colaboradores de Tibet Photo Project, una plataforma de documentalistas que intentan mostrar la realidad de los exiliados tibetanos.

Lobsang ha querido compartir la historia de este monje de tradición Nyingma que pasó 45 días caminando del Tíbet a la India, buscando una educación mejor y poder ver al Dalai Lama.

Caminó en medio de tormentas de nieve durante más de dos semanas, su hábito estaba siempre mojado. Con él viajaban dos amigos, que por el clima cayeron enfermos; no conseguían seguir caminando. Cuando por fin, se encontraron con un puesto militar indio.

Para cuando pudo recibir ayuda, sus piernas estaban tan malheridas a causa del frío que le llevaron a un hospital militar indio, donde le dijeron que no había forma de salvarlas, así que se las tuvieron que amputar.

Pasó una larga temporada en el hospital, donde no recibió el tratamiento adecuado. Cuando despertó y vió que ya no tenía piernas se sintió devastado, preguntándose por qué se le ocurrió viajar del Tíbet a la India. Se deprimió tanto que desarrolló un desequilibrio mental permanente.

Entonces fue trasladado a Delhi y de ahí a Dharamsala, donde fue recibido por el Gobierno del Tíbet en el Exilio. Se le proporcionó educación,  el fotógrafo le dio algunos buenos consejos y estudió salud mental durante un año en Dharamsala, ayudado por Eva y Enolena, dos doctoras holandesas.

Actualmente, Kusho Nyingma sigue siendo monje y estudia en el Dharamssala Osge School.”

Desde SanghaVirtual.org y ¡Libertad Para Tíbet! os animamos muy encarecidamente a considerar de qué manera colaboramos con las necesidades de tantos tibetanos exiliados y tantos monjes -muchos de ellos niños y ancianos con medios muy limitados- que dependen de la ayuda exterior para seguir adelante. Es por ello que debemos ser responsables a la hora de canalizar lo mejor posible nuestra colaboración: A la hora de comprar material para tus prácticas budistas, como malas, dorjes, campanas, mandalas, tsa-tsas, molinillos… u otros materiales como katas, banderines de oración, banderas de Tíbet, camisetas, pegatinas, parches, tarjetas, amuletos, joyas, etc. es muy importante decidir comprarlos en centros budistas, tiendas tibetanas y otros sitios donde sepamos que se contribuye de un modo u otro a mantener a los monjes que elaboran esos objetos. En muchas ocasiones no son más que piezas que se fabrican para ganar dinero y punto, pero en muchas otras sí que es posible beneficiar más directamente a los monjes, que venden estos objetos únicamente para beneficiar a los demás seres y poder seguir manteniendo sus necesidades básicas.

Del mismo modo, no tengáis reparo en informaros por medio de centros budistas con conexiones directas con monasterios si tienen algún programa de apadrinamiento de monjes. En muchos casos, como en el del Venerable Kusho, están muy enfermos, son niños pequeños (que vivirían incluso peor si no fueran monjes) y ancianos que a menudo necesitan medicación y atenciones especiales.