Archive | septiembre 2011

China habla abiertamente de endurecer la opresión sobre los tibetanos para celebrar el aniversario de la invasión

Mañana, 1 de octubre, China celebrará el 63º aniversario de la formación de la República Popular China. Esta celebración siempre está precedida por más restricciones y controles en Tíbet, y esta vez no será diferente.

Según una web de propaganda del régimen (que no desvelamos para no darles más difusión; no es la que aparece en la imagen), el martes por la tarde el gobierno oficial de la Región Autónoma del Tíbet y el Comité de la Región celebraron en Lhasa una conferencia en vistas a la celebración de la fundación de la RPC.

Con este motivo -explica abiertamente la web comunista- se ha lanzado una “Campaña por la Tercera Batalla” para “conseguir el mantenimiento de la estabilidad este mismo año”. El secretario del Partido Comunista de Tíbet, el chino Chen Quanguo habló sobre cuatro puntos durante el encuentro. El primero, dijo, es asegurar que no se conozca ningún caso de levantamiento político: “La lucha contra el separatismo deberá realizarse desde la raíz, para mantener una estabilidad social efectiva y asegurar una estabilidad a largo plazo en el Tíbet”. En segundo lugar, los problemas deberán ser zanjados desde el principio, cuando aún sean pequeños. Tercero, todos los monasterios deberán ser vigilados con atención e intensificarse las sesiones de “reeducación patriótica”. Por último, el secretario dijo que “los camaradas del partido y del gobierno, cada oficial”, tienen como responsabilidad prioritaria el mantenimiento de la estabilidad. Por supuesto, podemos entender “mantenimiento de la estabilidad” como “que a ningún tibetano se le ocurra abrir la boca ni hacer nada sospechoso, controlándolos y oprimiéndolos en todo momento”.

Pema Thinley, presidente del gobierno autónomo, dirigió el encuentro y dijo que los oficiales del gobierno chino deben mostrarse decididos a ganar esta batalla de la “Tercera Campaña” por la estabilidad. La reunión también contó con la presencia de todos los dirigentes de condados y ciudades por medio de teléfono y videoconferencia.

Es la segunda reunión que celebra el Partido Comunista Chino para hablar del fomento de represión en Tíbet en lo que va de año, aunque el primero en que el gobierno regional tiene a Chen Quanguo a la cabeza. Según estas nuevas medidas, se anima a las autoridades a aplastar cualquier protesta tibetana por pacífica que sea y manipular las vidas de los tibetanos que muestren cualquier tipo de rechazo a la ideología política del Partido Comunista Chino.

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Última hora: Dos monjes del monasterio de Kirti se prenden fuego en un mercado para llamar la atención internacional sobre Tíbet

La web italiana Dossier Tibet acaba de recibir la noticia de que esta misma mañana, alrededor de las 10:30 (hora tibetana) otros dos monjes del monasterio de Kirti, en el condado de Ngaba, se han prendido fuego a sí mismos.

Lobsang Kelsang y Lobsang Kunchok organizaron una protesta pacífica, gritando “Larga vida al Dalai Lama” y “Queremos libertad religiosa en Tíbet” en el mercado local. Entonces, se prendieron fuego. Ambos monjes fueron inmediatamente evacuados por la Policía Armada Popular y la policía de la Oficina de Seguridad Pública después de intentar apagar las llamas. Se teme que uno de ellos halla fallecido en el acto, mientras que el otro se encuentra en estado crítico. No se sabe dónde se han llevado a los religiosos. Ambos rondan los 18 años de edad y son naturales de la localidad de Meyruma.

Uno de ellos, Kelsang, es primo del difundo monje Phuntsog, quien también se autoinmoló como forma de protesta el pasado 16 de marzo.

Este desafortunado incidente es el tercero en lo que va de año. El Venerable Phuntsog se suicidó coincidiendo con el tercer aniversario del levantamiento tibetano de 2008 para llamar la atención internacional sobre el conflicto que vive el país. El 15 de agosto, el también monje Tsewang Norbu, del monasterio de Nyitso, también se prendió fuego tras pedir el regreso de Su Santidad el Dalai Lama a Tíbet.

Está claro, dice Dossier Tibet, que la situación en el país se está recrudeciendo, y las organizaciones de observación de Derechos Humanos en Tíbet están profundamente preocupadas por la actitud extraordinariamente represiva de China últimamente.

Tres monjes de Kirti sentenciados a trabajos forzados

El 10 de septiembre, tres monjes del monasterio de Kirti fueron sentenciados a 2 y 3 años de reeducación patriótica y trabajos forzados por la Oficina de Seguridad Pública de la Prefectura de Ngaba. Los tres monjes, Lobsang Dhargye, Tsekho y Dorjee fueron arrestados el 12 de abril acusados de estar relacionados con la muerte, un mes antes, del  monje Phuntsok, que se prendió fuego a sí mismo como protesta por el maltrato de las autoridades chinas.

Según Dossier Tibet, Dorjee tiene 16 años de edad, es natural de Lhöngsang, y ha sido condenado a tres años de trabajos forzados y reeducación. Tsekho tiene 30 años, es de Trutse, también en el condado de Ngaba. Por su parte Lobsang Dhargye tiene 22 años, es natural de Myeruma. Tanto Tsekho como Lobsang han sido condenados a dos años y seis meses.

Monjes huídos… ¿o desaparecidos?

Durante la primera quincena de septiembre, como cada año, los monjes de Kirti han pasado dos semanas de vacaciones. Sin embargo, a día 19 son muy pocos los que han vuelto al monasterio después de sus días libres. A pesar de ello, muchos oficiales chinos se han presentado en Kirti exigiendo que se elaboren carnets de identidad para sus monjes.

También se ha sabido que el abad del monasterio y sus ayudantes han sido maltratados frecuentemente por los funcionarios. Además, después de las vacaciones, China ha decidido endurecer aun más su “reeducación patriótica” y seguir limitando las libertades de los monjes residentes.

Lobsang Sangay: El Kalon Tripa que tampoco sabe cuándo nació

Christine Toomey (El País) — Tiempo de cambios para el pueblo tibetano. Por primera vez en tres siglos, el Dalái Lama separa sus funciones religiosas y terrenales. Ha nombrado líder político a Lobsang Sangay, hijo de exiliados y formado en Harvard. Se ha dado un paso trascendental. Ahora, la sucesión espiritual de Tenzin Gyatso, aunque todavía lejana, suscita debates sobre quién será el futuro 15º Dalái Lama.

Lobsang Sangay no sabe con exactitud en qué día nació. Como tampoco la mayoría de los niños y niñas que se presentaron a la vez que él para pasar su primer día de colegio, aferrados a las manos de unos padres demasiado traumatizados para acordarse de escribir cosas como la fecha de nacimiento. Pero si no hubiera sido por el derramamiento de sangre que presenció su padre, Sangay no habría nacido. Porque, más de 20 años antes de que naciera el hijo, en 1968, su padre fue monje budista en un remoto monasterio de Tíbet.

Cuando hubo que escribir los datos de Sangay en el formulario de inscripción, sus padres pusieron que había nacido el 10 de marzo. Igual que una tercera parte de sus compañeros. Para los tibetanos, el 10 de marzo es el Día del Levantamiento Nacional, que conmemora la rebelión armada de 1959 contra la dominación china.

“La historia de mi vida de refugiado está condensada ahí, en el hecho de que no sepa ni cuándo nací”, reflexiona Sangay. Por la ventanilla del pequeño avión en el que volamos hacia el pueblo de Dharamshala, en las colinas del norte de la India, aparecen las cumbres nevadas del Himalaya. Ninguno de los pasajeros le presta especial atención a Sangay. Todavía es un completo desconocido. Pero el 8 de agosto, este hombre de 43 años, alto, hablador y simpático, asumió los deberes terrenales de Su Santidad el 14º Dalái Lama, que asombró a sus seguidores en marzo cuando anunció, en el templo Tsulagkhang en Dharamshala, que este verano abandonaría su papel de líder político del movimiento tibetano en el exilio, cargo que ocupa desde hace 50 años.

Mientras el avión sigue la línea del Himalaya hacia el norte, Sangay describe con doloroso detalle los hechos que obligaron a sus padres a cruzar las montañas, cuando se vio que resistirse al poderío del Ejército Popular de Liberación de China era inútil. El EPL llevaba años reprimiendo brutalmente, atacando monasterios y conventos con artillería pesada en un intento de quebrantar la fe budista del pueblo tibetano y llevar este territorio, vasto y de gran importancia estratégica, al redil del comunismo.

Sangay recuerda que su padre hablaba de un río próximo a su monasterio, en el este de Tíbet, que se había teñido de rojo con la sangre de los monjes asesinados. Ante semejante salvajismo, su padre abandonó las órdenes monásticas y durante un breve periodo se convirtió en luchador de la resistencia, antes de unirse a las decenas de miles de tibetanos que huyeron a través de las montañas hacia Nepal y siguieron a su líder espiritual, el Dalái Lama, al exilio.

Miles de tibetanos exiliados soportaron un trabajo agotador en la construcción de carreteras de montaña en los territorios septentrionales de India o ganándose a duras penas la vida con las pequeñas parcelas que rodeaban los campos provisionales de refugiados. Sangay y sus dos hermanos pequeños crecieron cerca de uno de ellos, en Darjeeling, Bengala Occidental, donde su padre había conocido a su madre -a la que habían dejado abandonada, siendo adolescente porque se había roto una pierna al atravesar el Himalaya y se había casado con ella.

A pesar de estos duros orígenes, Sangay luchó para salir de la pobreza mediante el estudio. Cuando sus padres vieron que sacaba unas notas excelentes, vendieron una de las tres vacas de la familia para pagarle la educación. Tras una estancia en la universidad de Delhi, obtuvo una beca para la Facultad de Derecho de Harvard y permaneció allí como investigador. Durante los últimos 15 años ha disfrutado de un privilegiado estilo de vida occidental. Pero su vida dio un giro inesperado cuando el Dalái Lama hizo su sorprendente anuncio el 10 de marzo: el día del 43º cumpleaños de Sangay. Aquel día, él estaba en Dharamshala. Llevaba meses haciendo campaña, a través de Internet desde Boston y con visitas a las comunidades de exiliados en India, para que le nombraran Kalon Tripa, o primer ministro, del Gobierno tibetano en el exilio, un papel que tradicionalmente es un puesto administrativo en una organización muy subordinada al Dalái Lama.

Igual que los movimientos de protesta han recorrido el mundo árabe, en los últimos años también ha habido manifestaciones cada vez más grandes en Tíbet contra la discriminación social, económica y religiosa que sufren los seis millones de tibetanos que viven en territorio de China. Dos tercios de ellos viven fuera de las fronteras de lo que los chinos llaman con el eufemístico término de Región Autónoma de Tíbet (RAT), que no abarca más que la mitad de lo que los tibetanos reivindican como suyo. Desde la violenta represión contra los manifestantes en las calles de Lhasa en 2008, los grupos de derechos humanos dicen que nunca, en el pasado reciente, ha habido tantos presos políticos tibetanos en las cárceles chinas. Según la organización GuChuSum, que desde Dharamshala ayuda a antiguos presos políticos que han escapado de Tíbet, en marzo de 2011 había al menos 824 presos conocidos, y muchos más arrestados en paradero desconocido.

En su mayoría son monjes y monjas, pero en los últimos meses han detenido también a un número cada vez mayor de escritores, artistas y músicos por alzar la voz en defensa del derecho de los tibetanos a preservar su cultura y sus tradiciones. El Gobierno chino les concedió en teoría ese derecho cuando firmó el “Acuerdo sobre las medidas para la liberación pacífica de Tíbet” en 1951. En la práctica, la política china ha consistido en inundar la RAT y las zonas adyacentes que los tibetanos denominan Amdo y Kham -llamadas, a veces, el Gran Tíbet de inmigrantes chinos de etnia Han, que dominan la economía y marginan a los tibetanos económica y culturalmente.

Ante el creciente malestar y las tensiones entre los 145.000 tibetanos exiliados en todo el mundo, frustrados por la falta de progresos en la obtención de autonomía e igualdad para los tibetanos en China, muchos pensaron que Sangay era una inyección de dinamismo muy cualificada y muy necesaria para la dirección en el exilio. Especializado en leyes internacionales de derechos humanos en Harvard y dedicado a unir a los estudiosos tibetanos y chinos, sin embargo da la impresión de que pocas cosas habían preparado a Sangay para el anuncio de retirada del Dalái Lama. Desde hace 300 años, los dalái lamas se han sucedido en el doble papel de guía espiritual supremo y máxima figura política del pueblo tibetano. Pero a medida que ha ido envejeciendo, el Dalái Lama actual -Tenzin Gyatso, que tiene hoy 75 años- ha dejado claro que quería acabar con la “cultura de dependencia” creada en torno a él.

“Ya en los años sesenta subrayé repetidamente que los tibetanos necesitan un líder elegido libremente por el pueblo, a quien pueda entregar el poder. Ahora hemos alcanzado el momento de llevarlo a la práctica”, anunció el 10 de marzo. En el futuro, declaró, la dirección política correrá a cargo de quien sea elegido Kalon Tripa.

“Ese día fue el principio de una montaña rusa, de momentos de angustia y de mucha introspección. Me di cuenta de que, si lo que Su Santidad decía salía adelante, podía ser yo quien acabase sustituyéndole”, reconoce Sangay. Varias semanas después, se vio que había razones para su nerviosismo. El 26 de abril, los resultados de un sondeo realizado a lo largo de varios meses entre la comunidad en el exilio designaron a Sangay como próximo Kalon Tripa. ¿Y qué siente este hombre ante este reto? Sangay replica que es su leh, su destino, su karma.

A pesar de su modestia, quienes conocen a Sangay le califican de “muy ambicioso”, un rasgo infrecuente en la cultura tibetana, que valora la humildad como virtud suprema. Está casado con una descendiente de uno de los reyes fundadores de Tíbet. Ella también nació en el exilio y tienen una hija de tres años. Cuando tome posesión de su nuevo cargo, la familia se mudará a Dharamsala.

Sangay cuenta de forma conmovedora lo difícil que le resultó, dado su origen pobre, lograr que los padres de su mujer le concedieran su mano en matrimonio, en medio de innumerables propuestas de otros pretendientes más ricos. “Le dije al padre de mi mujer: ‘Ahora no soy nada y tal vez no merezco a su hija. Pero un día le demostraré que voy a ser alguien’. Por suerte, creyó en mí”, dice, con una gran sonrisa.

Al aterrizar, Sangay, un terrible aficionado al béisbol, se pone unas gafas de sol de aviador y sale a la pista agitando su elegante chaqueta sobre su cuerpo alto y atlético. Es difícil imaginar un mayor contraste con el hombre santo cuyo cargo político va a heredar, con su calva y su túnica. Aunque para China el Dalái Lama es “un lobo disfrazado con túnicas, un monstruo de rostro humano y corazón de animal”, para millones de budistas es la 14ª reencarnación del Bodhisattva Avalokitesvara, el Buda supremo de la Compasión. En todas partes se le considera un símbolo de paz, y se le reconoció en 1989 cuando recibió el Premio Nobel de la Paz por su oposición al uso de la violencia en la lucha para obtener la autodeterminación. No será fácil sustituirle.

Sin el reconocimiento mundial y la autoridad moral que el Dalái Lama ha aportado a la causa de Tíbet, algunos creen que podría perder la atención internacional. Y aún más acuciante es el miedo de que, a medida que el Dalái Lama se retire poco a poco del escenario mundial, también caiga en el olvido su empeño en que sus compatriotas empleen medios no violentos en su lucha por la libertad.

A pesar de que Sangay asegura que seguirá apoyando el constante llamamiento del Dalái Lama a celebrar negociaciones pacíficas que permitan a los tibetanos obtener una verdadera autonomía dentro de China -la llamada “vía media”-, algunos dicen que sus elogios a la Revolución del Jazmín en el mundo árabe puede ser un indicio de cambios futuros. “El nuevo líder (de Tíbet) tendrá que aprovechar los cambios producidos en el mundo musulmán. Cuando se presenta una oportunidad, hay que aprovecharla”, dijo cuando hacía campaña para el cargo de Kalon Tripa.

Hasta ahora, el peso moral con el que el Dalái Lama ha insistido en que a la agresión china contra su pueblo solo se responda con una resistencia pacífica ha logrado impedir que la situación se vuelva más inestable. Un síntoma de la preocupación que sienten muchos por la perspectiva de que esa influencia vaya a disminuir son las repetidas y apasionadas peticiones que se le han hecho -culminadas por una solicitud formal del Gobierno en el exilio- para que revoque su decisión de ceder su poder terrenal a un personaje electo. Cuando el Dalái Lama se negó, le pidieron que meditara la posibilidad de continuar como “jefe de Estado ceremonial”, con un papel constitucional semejante al de la monarquía británica. “Si me dais una reina, quizá me lo piense”, contestó el viejo monje con sentido del humor. Rechazó así la solicitud.

Aunque los partidarios del Dalái Lama aplauden su decisión de democratizar el gobierno de su pueblo, algunas voces críticas creen que este no es el momento de que se vaya. “No veo nada admirable en que un pastor abandone a su rebaño a mitad de atravesar el desierto”, dice Lhasang Tsering, antiguo presidente del Consejo de la Juventud Tibetana, que se considera “el diablo oficial” de Dharamshala porque se atreve a discrepar del Dalái Lama.

Según Tsering, los tibetanos deben reconocer que la “vía media” no ha funcionado y pasar a una táctica más de confrontación. “China no tiene por qué negociar con un puñado de refugiados pobres”, alega. “Hay personas que están muriendo por la libertad en Tíbet y necesitan el respaldo internacional. Lo necesitan ahora, antes de que sea demasiado tarde. La importancia de Tíbet no es solo el destino de seis millones de personas, es también el control del techo del mundo, un área muy grande que tiene vastas reservas minerales, en la que nacen todos los grandes ríos de Asia y en la que China posee un número desconocido de bases de misiles estratégicos”.

Sin embargo, dada la influencia económica de China y dado que Pekín amenaza con unas vagas consecuencias para cualquier país que acuerde mantener contactos formales con el Dalái Lama, la esperanza de que se produzca una ola repentina de apoyo oficial a Tíbet en la comunidad internacional es inútil. Pese a que le reciben como hombre de paz, en especial las estrellas de Hollywood, que le adoran, casi todos los contactos que mantiene el Dalái Lama con dignatarios extranjeros son de tipo informal, como líder religioso. Sangay no va a contar con esa baza espiritual que le abra puertas.

Además de luchar contra la indiferencia internacional, Sangay tendrá que combatir las tensiones crecientes entre los tibetanos más viejos y más jóvenes. Cada vez son más los jóvenes -muy frustrados, duchos en las nuevas tecnologías y radicales que apoyan la plena independencia. “Los jóvenes tibetanos poseen una educación cada vez mejor y conocen muy bien sus derechos. Están hartos de que se les considere una especie de tribu exótica”, dice Tenzin Tsundue, escritor y activista tibetano.

Dentro de Tíbet, los jóvenes están recurriendo a medidas desesperadas. El 16 de marzo, un monje de 20 años en el monasterio de Kirti se prendió fuego para protestar por el endurecimiento de la represión china. Murió. Las autoridades detuvieron a 300 de sus compañeros monjes y se los llevaron a un lugar desconocido. “De acuerdo con nuestra fe budista, no debemos hacer daño ni a otros ni a nosotros mismos, así que el suicidio es muy grave. Pero la situación en Tíbet es tan crítica que la gente está desesperada”, dice Kanyag Tsering, un veterano monje de Dharamshala.

El tratamiento a los detenidos queda muy patente en la historia de una exmonja que escapó de Tíbet a través de Nepal en 2004. Tan traumatizada está aún que pide hablar, llena de nerviosismo, en una remota colina a las afueras de Dharamshala. Nyima, que tenía 16 años cuando la detuvieron, tiene hoy 32. Durante cinco años, la torturaron en prisión. En verano la obligaban a estar de pie fuera todo el día, en un cajón, con hojas de periódico en las axilas y entre las piernas; si se le caían las hojas, la golpeaban con fuerza. En invierno la obligaban a estar de pie, descalza, sobre bloques de hielo, y se pelaba de tal forma que la piel acababa separándose del hueso. Los presos tenían que cantar una canción dedicada a elogiar al presidente Mao; cuando se le ocurrió sustituir la letra por otra en la que elogiaba al Dalái Lama, la metieron en prisión incomunicada durante 21 meses. “Quiero que la gente sepa lo que ocurre en Tíbet”, susurra. “Necesitamos ayuda urgente. Se nos está acabando el tiempo”, concluye.

A pesar de la desesperación, Sangay insiste en que respetará los principios pacifistas cuando asuma el reto de ser el nuevo líder. “¡Mire lo que consiguió Gandhi con su movimiento de la no violencia! Estoy convencido de que Tíbet, al final, también puede triunfar. Si lo logra, esta será la historia más hermosa del siglo XXI”, dice, levantando los brazos como en gesto de súplica.

Es un argumento precavido y conciliador. Pero Sangay da la impresión de ser alguien que no muestra sus cartas así como así. Es, sin duda, muy astuto. En una cultura que no mira bien la autopromoción, a él le encanta contar que hizo campaña para el cargo de Kalon Tripa a base de “no hacer campaña”, que se dedicó a recorrer las comunidades de refugiados de toda India dando conferencias sobre la historia de Tíbet y los derechos humanos para que su rostro fuera más reconocible que el de sus rivales al llegar a las urnas.

Sangay reconoce que en su juventud fue un “activista radical”, que sus primeros tiempos de estudiante se vieron interrumpidos con frecuencia por breves estancias en la cárcel por protestar a favor de la independencia de Tíbet ante la Embajada china en Nueva Delhi. Asegura que con la edad se ha suavizado y cita la frase de Churchill: “Si de joven no eres progresista, no tienes corazón, y si a los 40 años no eres conservador, no tienes cabeza”. El único atisbo de lo que piensa verdaderamente Sangay sobre el régimen chino actual aparece en una anécdota de cuando pidió permiso para viajar a Lhasa hace varios años; como la mayoría de los exiliados tibetanos menores de 50 años, nunca ha estado en Tíbet. Tras la muerte de su padre, quería ir a la capital para encender, en memoria suya, una lámpara de manteca tradicional en un templo budista. Se lo negaron. “Fue muy doloroso”, dice. “Entonces comprendí con qué gente estaba tratando”.

Sangay reconoce, no obstante, que, si el punto muerto en las negociaciones con los chinos se prolonga “y el pueblo quiere que cambie de política, lo haré. Eso no quiere decir que defienda la necesidad de cambiar de estrategia. Pero donde existe represión, existe resistencia”, concluye, con otra cita muy utilizada, en este caso del antiguo archienemigo de Tíbet, Mao Zedong.

Con esta posibilidad de que el sucesor político del Dalái Lama adopte una postura más dura en el futuro, la cuestión de quién le sucederá como líder espiritual adquiere más importancia. Casi nadie duda de que Pekín intentará instalar a un sucesor. Pese a la tradición que desde hace siglos dice que los dalái lamas son tulkus, sumos sacerdotes, reencarnados, a los que se identifica mediante un misterioso proceso de oraciones y adivinación, al Gobierno chino, oficialmente ateo, no le pareció irónico anunciar en 2007 que era el único autorizado a nombrar al sucesor de Tenzin Gyatso.

Mientras tanto, se dice que el propio Dalái Lama sopesa alternativas. Según su sobrino, Tenzin Takhla, que es su portavoz, su tío convocará este septiembre en Dharamshala la última de una serie de reuniones de lamas para discutir este asunto.

A 20 kilómetros de Dharamshala, un posible sucesor del Dalái Lama vive casi en arresto domiciliario. Desde que Ogyen Trinley Dorje huyera de Tíbet en 2000, con solo 14 años, en un viaje a través de peligrosos pasos de montaña, las autoridades indias le observan con recelo y tienen agentes de seguridad permanentes ante sus aposentos privados del monasterio de Gyuto, en Sidhbara. Dorje es el líder de la escuela Karma Kagyu de budismo tibetano y una de las dos personas que reivindican el título de 17º Karmapa, una reencarnación del Buda 200 años anterior a la del Dalái Lama. Mucha gente considera que, después del Dalái Lama y el Panchen Lama, el Karmapa es el tercero en la jerarquía espiritual de Tíbet.

El puesto de Karmapa adquirió más importancia tras la desaparición en Tíbet de Gendun Choekyi Nyima, el niño de cinco años identificado en 1995 por el Dalái Lama mediante la adivinación tradicional, como 11º Panchen Lama. Tras la designación, las autoridades chinas detuvieron al niño, que no ha vuelto a ser visto. Según la comunidad internacional, Gendun es el preso político más joven del mundo, pero los chinos dicen que el menor, hoy adulto, vive con su familia. Otro niño de cinco años, hijo de dos miembros del Partido Comunista, al que los chinos designaron para ser Panchen Lama, es rechazado por los tibetanos.

Cuando Dorje huyó de Tíbet empezaron a circular rumores de que en realidad Dorje era un espía chino. Su posición se complicó aún más a principios de este año, cuando se encontró un millón de dólares en divisas extranjeras -una gran parte en yuanes chinos- en unos baúles dentro del monasterio de Gyuto. La prensa india se llenó de titulares que le llamaban “topo” chino. El Dalái Lama pidió explicaciones. Según los colaboradores del Karmapa, el dinero procedía de donaciones de los fieles para ayudarle a construir un monasterio nuevo. Aunque la explicación se aceptó, el Gobierno indio sigue sospechando de Dorje y controla sus contactos con el público.

Con estos antecedentes, se podría esperar a un Karmapa muy cauteloso. Pero en persona, al contrario, parece aliviado de tener la oportunidad de hablar. Con 26 años, tiene un aspecto serio y estudioso, con su túnica de monje y sus gafas sin montura; y sus uñas inmaculadamente cuidadas. Sentado en una silla tapizada en seda, en una habitación pequeña y aireada en lo alto del monasterio de Gyuto, Dorje se apresura a responder a la acusación de que es un espía chino: “Me duele en el alma. Soy tibetano hasta la médula, y para cualquier tibetano no puede haber nada peor que le acusen de ser un espía chino. Practico el Dharma budista y trato de no molestar a nadie. Decir que he venido a hacer daño a India y poner en peligro su seguridad me hiere”.

Cuando pregunto al Karmapa qué opina de la posibilidad -sugerida por Tenzin Takhla- de que un día se convierta en el próximo Dalái Lama, Dorje le quita importancia: “El único que puede ser Dalái Lama es su reencarnación. El único”. No obstante, según Takhla, se está pensando en cuatro posibles situaciones. Entre ellas, la forma tradicional de localizar al próximo Dalái Lama identificando a la reencarnación desde muy temprana edad, mediante antiguos métodos de adivinación, cuando muere el anterior. Si el Dalái Lama muriera en un futuro próximo, Takhla cree que el pueblo tibetano desearía que se respetase esta tradición. El inconveniente es que el proceso de selección y formación dura al menos dos décadas, durante las que se produce un vacío de dirección espiritual. Si se siguiera la tradición, algunos sugieren que el Karmapa o una figura semejante podría servir de “regente” religioso provisional.

La segunda opción que señala Takhla es un proceso similar al de elección del Papa. Un grupo de lamas destacados de las cuatro grandes escuelas de budismo tibetano -uno de los cuales sería el Karmapa- se reuniría para escoger un sucesor de entre ellos. Otra alternativa, la tercera, sería que se nombrara Dalái Lama al más veterano en educación espiritual y experiencia. La cuarta y última posibilidad es que el propio Dalái Lama escoja a su sucesor antes de morir.

En el pasado, el Dalái Lama ha hablado de la posibilidad de que el puesto muriera con él, si el pueblo tibetano piensa que no necesitan otro Dalái Lama. También ha dicho que su sucesor podría ser una mujer, y añadió que, de ser así, confiaba en que fuera una mujer bella. La mayoría de las tibetanas se toman esta posibilidad en serio. “Sea un hombre o una mujer, lo más importante es que el sucesor sea de gran calidad”, dice Rinchen Khando, una exministra del Gobierno de Tíbet en el exilio, casada con el hermano pequeño del Dalái Lama.

Sin embargo, después del decreto del Gobierno chino por el que se atribuye la decisión sobre el sucesor del Dalái Lama, es evidente que existe la posibilidad de un “duelo de dalái lamas”. Dorje lo niega y afirma que está seguro de que el Dalái Lama actual dejará muy claro lo que opina sobre su sucesión espiritual “para que no haya manipulaciones”. Sangay también está convencido de que, si las autoridades chinas nombran a su propio Dalái Lama, fracasarán “igual que están fracasando con su Panchen Lama”, de quien dice que es “un papagayo en una jaula de oro en Pekín”.

Para una cultura basada en los principios budistas de tolerancia, compasión y no violencia, toda esta incertidumbre sobre el rumbo futuro de su dirección política y religiosa augura grandes nubes de tormenta sobre Tíbet. A pesar de los mensajes de paz del Dalái Lama, en toda Dharamshala se ven ahora carteles con un lema más enérgico. “No importa lo que ocurra. No importa lo que suceda a vuestro alrededor. ¡Nunca os rindáis! ¡Nunca os rindáis!”

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

Tibetana sigue en prisión a pesar de haber cumplido su condena

Una mujer tibetana de 34 años llamada Ngodup Thinley está siendo retenida en un centro de detención chino a pesar de que su condena ya ha finalizado, ha informado el Tibet Post según información recibida de Tibet.net, la web oficial de la Administración Tibetana en el Exilio.

“Ngodup Thinley fue severamente golpeada y arrestada por las fuerzas de seguridad chinas por manifestarse pacíficamente en Kardze en 2009. Después, fue sentenciada a un año y medio de prisión por un juzgado local. La condena se cumplió este mes, pero al parecer todavía sigue estando retenida en la prisión de Mi Nyak Ro Nga Thang por negarse a insultar a Su Santidad el Dalai Lama.

Otros casos recientes

Por otro lado, un juzgado intermedio chino sentenció recientemente a Samphel Dhondup, un joven de 23 años natural de Kardze, a tres años de prisión por protestar pacíficamente contra el régimen chino y sus maltratos a la población tibetana.

El mes pasado un monje de 29 años, Tsewang Norbu, del monasterio de Nyatso (Kham) se autoinmoló prendiéndose fuego para llamar la atención sobre la ocupación ilegal de tierras tibetanas por parte del gobierno chino. Después de esta desgraciada muerte, las autoridades chinas desplegaron miles de tropas armadas y tanques alrededor del monasterio, dejando incomunicado el campus.

Lobsang Tenzin, el preso político tibetano más antiguo, no recibe tratamiento médico por su diabetes

La salud de Lobsang Tenzin, el preso político tibetano que lleva más tiempo en prisión, se ha deteriorado hasta un nivel crítico.

Lobsang Tenzin lleva 23 años encarcelado. Según el Centro Tibetano por los Derechos Humanos y la Democracia, sufre de una diabetes grave, que le causa ceguera ocasional. Lobsang está actualmente en la prisión de Chushur (Tíbet). Era estudiante de la Universidad del Tíbet cuando fue arrestado durante las protestas de marzo de 1988 y fue acusado, junto a otros cinco tibetanos, de la muerte de un policía chino.

En principio fue sentenciado a muerte, pero -como suele ocurrir con algunos presos tibetanos- su pena fue conmutada a cadena perpétua gracias a la presión internacional. Desde la cárcel ha seguido con su actividad política, organizando protestas en su anterior centro de detención en Drapchi, y también intentó hacer llegar una carta a James Lilley, embajador de Estados Unidos en China, cuando visitó el centro penitenciario.

¡Toma acción!

Firma la petición que puedes encontrar en esta web y haz llegar un mensaje de protesta a Chen Quango, nuevo Secretario del Partido Comunista Chino, y al gobernador de la prisión de Chushur, para que Lobsang Tenzing reciba atención médica inmediata y sea puesto en libertad.

Fuente: Free Tibetan Heroes

Monjes inician una marcha y una huelga de hambre conjuntas por la libertad del Tíbet

Un grupo de once monjes tibetanos del monasterio de Ganden Jagtse, localizado en Mungod, en el estado de Karnataka al sur de la India, han comenzado una marcha y una huelga de hambre a lo largo de las principales ciudades del país para expresar su solidaridad con la lucha por la libertad de los tibetanos que viven en su propio país.

Lobsang Jampa, uno de los monjes participantes, ha declarado que el grupo pasará con su marcha – ayuno desde Bombai, Bangalore, Chennai, Howrah, Delhi y Dharamsala, dando comienzo en Pune: “Los recientes casos de autoinmolación muestran claramente que la represión china sobre Tíbet ha forzado a los tibetanos a medidas extremas. Hemos organizado esta marcha y huelga de hambre para expresar nuestra solidaridad con nuestros hermanos y hermanas tibetanos, que continúan sufriendo cada día. Seguiremos adelante con la huelga de hambre en todas estas ciudades y distribuiremos panfletos apelando a la gente de todo el mundo a apoyar la causa tibetana”.

“Nos sentimos muy inspirados por la reciente autoinmolación de monjes en Tíbet y nos entristece mucho la manera en el que gobierno de China trata a los tibetanos en su propio país”, continúa explicando el Venerable Jampa, “y es el mejor momento para unirnos a los sacrificios de los tibetanos en el Tíbet, y hacer un llamamiento a la ayuda del mundo para que termine la opresión china sobre Tíbet”.

La campaña se centra sobre todo en que los líderes, tanto indios como del resto del mundo, presionen al gobierno chino para detener inmediatamente el toque de queda impuesto sobre el monasterio de Nyitso (Tawu, al Este de Tíbet). El monje Tsewang Norbu se prendió fuego en una protesta contra el gobierno chino el pasado 15 de agosto. Era residente de ese mismo monasterio.

“Como monjes que somos, además de reclamar derechos humanos para el Tíbet y la liberación de todos los presos políticos, pedimos al gobierno chino que garantice la libertad religiosa y que libere al Panchen Lama inmediatamente”, aseguran los manifestantes.

Fuente: Dossier Tibet